miércoles, 18 de enero de 2017

La mitad de la verdad, Zygmunt Miloszewski

Nuevamente me asomo al blog con Zygmunt Miloszewski, el fiscal Szacki aparece con la misma garra y buen hacer que en “El caso Telak”, incluso me atrevería a decir que me ha gustado más, tal vez porque la forma de narrar de este joven escritor polaco me resulta emocionante y satisfactoria.
Sin duda es el representante de la novela negra en Polonia y he de confesar que me recuerda a Pierre Lamaitre, con esos guiones impecables, bien construidos que proporcionan una lectura ágil, ligera y cargada de ritmo y tensión desde el inicio hasta el final.
Pronto dará comienzo la primavera en Sandomierz, la pequeña y pintoresca ciudad de provincias donde el fiscal Teodor Szacki ha decidido trasladarse para dar un vuelco a su fulgurante carrera en Varsovia, y después de poner punto final a su matrimonio. Szacki ansía una nueva vida, aunque se aburre y echa de menos la acción de su antiguo puesto. Sus días de aparente placidez se verán interrumpidos por un nuevo caso de asesinato: el cuerpo de una mujer desangrada de acuerdo con los ritos de sacrificio judíos ha sido hallado delante de la sinagoga. Cuando el marido de la víctima corre la misma suerte, los vecinos reviven temores de hace décadas. Frente a un aumento sin precedentes de antisemitismo, Szacki tendrá que ahondar en un pasado con ecos dolorosos para encontrar la verdad de una historia que despierta demasiadas pasiones.
Lo mejor de la novela es que desde el principio están ocurriendo situaciones que crean expectación y no deja este planteamiento en ningún momento, la sorpresa dota al argumento de atención y por tanto engancha sin necesidad de esfuerzo. Al igual que su primera novela, esta segunda de la trilogía de Miloszewski, está ambientada en Polonia, en un marco rural donde se nos muestra la cara más oculta y profunda de este país y su sociedad. Es habitual recurrir a lugares reales para narrar novelas ficticias. Si tuviera que destacar el tema estrella sin duda la xenofobia y el antisemitismo se llevarían el premio, pero es cierto que nos evoca el pasado comunista de la Europa del Este y en concreto de las relaciones entre polacos y judíos antes, durante y tras la Segunda Guerra Mundial.
Son novelas donde la trama tiene un peso brutal pero sin duda alguna el personaje del fiscal treintañero, separado y con escasas habilidades sociales, acapara el encanto de la narración.
Buenos diálogos, desarrollo de subtramas paralelas que sirven para abordar temas o cuestiones relevantes a nivel histórico, las rencillas, la venganza, las cuentas pendientes entre una sociedad marcada por el peso de la Historia..
Al principio hice referencia al maestro de la novela negra francesa, Pierre Lamaitre y ahora no quiero dejar pasar la ocasión para nombrar a Henri Mankell, por las innumerables referencias al mismo.
Prefiero no contar nada más de “La mitad de la verdad” decir que su lectura es independiente de “El caso Telak”, que las dos son muy recomendables para los amantes de este género, que a pesar de la crudeza de ciertos párrafos, el humor aparece de manera elegante y bien dosificado y que como bien dice el título, la verdad puede estar dividida en mitades, nada es nunca lo que parece..., os gustará. 
“Nadie cuenta nunca la verdad absoluta, se cuentan realidades que inventan o maquillan lo que se vive, para hacerlo más interesante y llevadera”.

miércoles, 11 de enero de 2017

Pecado, Laura Restrepo

Nunca se sabe que es lo que realmente te atrae de un libro más allá de su portada. Unas veces el autor te cautiva, otras el título y en la mayoría de las ocasiones, es el argumento el que determina la elección final. No había oído hablar de esta escritora y periodista colombiana y respecto al título, no podía ser más breve; ahora bien, al leer el argumento me llamó poderosamente la atención, que el eje conductor de esta novela fuera uno de los cuadros más enigmáticos de la Historia del Arte, “El jardín de las Delicias” de El Bosco..., toda una joya pictórica que podemos admirar en el Museo del Prado de Madrid. Poco más necesitaba para ponerlo en la lista de lecturas pendientes, aunque confieso que me ha costado trabajo leerlo por el lenguaje nativo de la escritora y por una extraña manera de narrar abusando de frases muy cortas y continuos puntos y seguidos a los que casi no estoy acostumbrada.
Es difícil exponer el argumento de “Pecado”, se puede decir que es en una serie de relatos en la que varios personajes transgresores exhiben sus crímenes y como un personaje estelar, el “mal” se convierte en la estrella de todos ellos.
El título, los siete relatos principales y el cuadro tienen relación porque el “Jardín de las Delicias” es la exposición de un universo terrorífico entre lo real y lo onírico . Al igual que en este, todos los personajes han de comparecer y someterse al único juez que podrá indultarlos: el observador de la pintura y el lector de la novela.
Desde las primeras páginas tuve serias dificultades para comprender la estructura narrativa de la obra, confieso que busqué en la biografía de la autora y ahí descubrí que el planteamiento era igual que el tríptico que había tomado como referencia. Tres parte, la primera un preámbulo, la central los relatos y la tercera y última un epílogo. Así la idea de nexo entorno a la pintura quedaba reforzada.
No puedo decir qué relato me ha gustado más, si de verdad son reales, la atrocidad de los mismos supera la imaginación de cualquier escritor. Adúlteros, asesinos, descuartizadores, voyeuristas, incestos..., cada cual dueño de su propio delito conformando un panorama melodramático presidido por la tentación, el deseo y el “Pecado”.
Se pueden leer de forma aislada, los temas son espeluznantes pero cotidianos, incluso me he transportado a esos ambientes de los narcos y violencia social institucionalizada del país de origen de Laura Restrepo, de la que ya poco nos queda por conocer.
Lo más curioso de la lectura es el dilema moral que acompaña a todas y cada una de estas brutales historias, muchas veces es difícil delimitar la culpa y por tanto conceder el perdón; la escritora nos invita a una reflexión desafiante y a reconocer que hemos hecho de la tragedia un compañero más de viaje al que ignoramos con nuestra implacable indiferencia.
“¿De verdad son culpables todos los pecadores?” .
Si buscáis una lectura diferente os gustará y como recomendación, el relato que no os guste, pasad a otro, pero luego no olvidéis que lo tenéis pendiente.

La creencia en una fuente sobrenatural del mal no es necesaria, el hombre por si mismo es muy capaz de cualquier maldad”.

viernes, 6 de enero de 2017

La niña alemana, Armando Lucas Correa

Os presento un caso más de libro con portada atrayente e irresistible que ha determinado la elección de su lectura. No hacia falta ser un cerebro privilegiado para saber que la ambientación de esta novela estaba en la Alemania Nazi o en los momentos inmediatos al estallido de la Segunda Guerra Mundial; lo que sí ha sido una sorpresa es afinar el tema en uno de los casos más dramáticos vividos por los refugiados judíos alemanes en el San Louis, un trasatlántico que partió de Alemania y al que se le negó la entrada en Cuba, Estados Unidos y Canadá. “La Historia de la Humanidad siempre llena de páginas y borrones negros”.
Antes de que todo cambiara, la vida de Hannah Rosenthal era de ensueño. Pero ahora, en 1939, las calles de Berlín están embanderadas de estandartes nazis, su familia ha sido desposeída de sus bienes y los judíos ya no son bienvenidos en los lugares que antaño frecuentaban. Hannah y Leo Martin, su mejor amigo, sellan un pacto: pase lo que pase, ambos compartirán un mismo futuro.
La próxima partida del transatlántico St. Louis con rumbo a Cuba les proporcionará una chispa de esperanza. Tras una ardua gestión para obtener visados, los Rosenthal y los Martin se embarcan en la lujosa nave con destino a La Habana. La vida a bordo del St. Louis se asemeja a unas vacaciones surrealistas para esos refugiados, pero los rumores inquietantes desde Cuba no tardan en ensombrecer el ambiente festivo, y la nave que prometía ser su salvación parece a punto de convertirse en su sentencia de muerte. Hannah y Leo se ven enfrentados a una decisión desgarradora...
Siete décadas después, en la ciudad de Nueva York, el día que cumple doce años, Anna Rosen recibe un paquete de Hannah, una tía abuela a la que nunca conoció pero que crió a su difunto padre. En un intento de reconstruir el misterioso pasado de su padre, Anna y su madre viajan a La Habana para reunirse con la anciana. Hannah les relatará el viaje en el St. Louis, les hablará de sus años en la isla y revelará, por primera vez, el modo en el que ella y Leo cumplieron con el solemne pacto que sellaron.
Tras esta sinopsis tan completa, creo que pocos misterios quedan por resolver menos mal que son unas escasas cuatrocientas páginas, porque la verdad que el libro ha resultado ser muy flojo y carente de tensión y misterio. Es cierto que estamos saturados del tema de judíos y nazis, pero no es menos cierto que la negativa de estos países a la acogida de refugiados es un hecho histórico bastante silenciado y vergonzoso para los países que lo protagonizaron; es por ello que me pareció una oportunidad para conocer más acerca del mismo. Siento decir que a nivel de documentación no va más allá de ser un pretexto para el argumento de una historia más de “judíos” víctimas del Holocausto Nazi.
La estructura del relato es muy perfecta, dividida en dos tramas que se desarrollan de forma paralela y alternando los capítulos que avanzan sincronizadamente a la vez. En ambas hay un paralelismo de personajes que se llaman igual; una corresponde al pasado y otra al presente. Es sin duda una novela de familias que buscan en el baúl de los recuerdos las respuestas a un tiempo con grandes lagunas, al igual que en otras ocasiones, las fotografías son el detonante de estas preguntas y las inquietudes el motor para hallar contestaciones olvidadas en el tiempo.
Dos escenarios, Cuba y Nueva York y un par de guiños históricos, la Revolución Cubana y el atentado a las Torres Gemelas. Pues a pesar de estos dos grandes recursos la novela es bastante insulsa y carente de emociones ya que a mi parecer no se han explotado ni los temas, ni los personajes ni el bagaje documental de ambos hechos, por lo que me ha acabado aburriendo y provocando un deseo de terminarla apremiante.
De todas maneras la recomiendo sin grandes pretensiones porque a pesar de mi decepción se deja leer, su lectura engancha si no has leído mucho acerca de este tema, su narración está en “modo juvenil” y sin quererlo se le ha privado de la garra que caracteriza a novelas que se amparan en este marco trágico e impactante para los que lo vivieron.
Lástima que lo mejor sea la portada y que el trabajo novelado sea algo raquítico, carente de descripciones potentes, tensión, realidad y momentos sobrecogedores, máxime cuando es la predisposición con la que nos preparamos para estas lecturas.
Sin duda le gustará a mucha gente, pero en esta ocasión yo me he quedado con ganas de más.
Por cierto, la Humanidad sigue repitiendo los errores de manera sistemática e inmisericorde,ya que no he dejado de acordarme del pueblo sirio y su situación de olvido, rechazo y freno para ser acogidos por Europa en un acto de Humanidad que, podría borrar aquel pasado plagado de malos actos entre semejantes. Esto sí que es decepcionante de verdad.

“Hay tantos tipos de silencios, que me atrevería a decir que callar y enmudecer se ha convertido en un idioma universal”.

lunes, 2 de enero de 2017

Manual para mujeres de la limpieza, Lucía Berlín

En los días previos a la festividad comercial de todos los años, cada vez que me acercaba a una librería me asaltaba este curioso y llamativo título. Al principio no me hizo demasiada gracia, pero no dudé de la carga irónica que podría llevar sus páginas; aún así tras leer su contraportada no pude salir de dudas, pues la sinopsis es bastante diferente a lo que estamos acostumbrados.
La curiosidad pudo conmigo y decidí darle la oportunidad de leerlo sin esperar a que los Reyes Magos lo descargaran en mi hogar.
Nunca he oído hablar de Lucía Berlín, de manera que me he interesado por su biografía y trayectoria literaria y gracias a eso he entendido algo más este manual con nombre de “Marujas” que por supuesto nada tiene que ver con las tareas domésticas.
Dentro de la narrativa contemporánea se trata de una recuperación de esta escritora estadounidense fallecida en el año 2004 y víctima del olvido y ostracismo literario por parte de las editoriales de medio mundo. Los caprichos de la vida no dejan de ser un misterio a resolver y en Lucía se ha cumplido, ya que su éxito le ha venido tras su muerte lo que no le impidió seguir haciendo lo que más le gustaba: escribir.
Son cuarenta y tres relatos basados en las experiencias de vida itinerante de la autora, resulta ser una mezcla de ficción y realidad originalmente mezcladas. Su aire autobiográfico se reconoce cuando buceas en la biografía de Lucía, de no ser así, lo narrado le puede pasar a cualquiera. La estructura del libro no cuenta con una trama o temática determinada, en el recopilatorio de los cuentos o historias reina el desorden y caos y las sensaciones que provocan cada uno de ellos son diferentes y únicas. Personalmente me han costado entender algunos, pero la ventaja de los relatos cortos es poder abandonarlos y abordar el siguiente sin el peligro de romper la magia de la lectura.
Nadie escribe sin un objetivo y Lucía nos invita a remover sentimientos y provocar reflexiones ante la lectura de estas historias conmovedoras y realistas, consiguiendo no quedar indiferentes ante tan curioso “manual”.
Hay una característica común a los protagonistas y es lo desgraciados y lejanos a la suerte que se hallan la mayoría de ellos, compartiendo ante este desastre una actitud de lucha y desafío que mucho tiene que ver con lo padecido por la escritora a nivel personal.
La extensión es muy adecuada, ninguno se hace insufrible, aunque aviso que cuesta entrar en las historias;la narradora se encuentra en México y eso despita al principio, los ritmos son cambiantes y puede pasar de relatos intensos a otros caracterizados por una extrema laxitud..., es el momento de pasar al siguiente, pero no abandonar el libro.
Finalizo invitando a terminar el manual de Lucía Berlín porque combina dos rasgos que se suelen apreciar en historias bien contadas, la mezcla de ironía y humor con las dosis de candidez y melancolía; pero especialmente para compensarla por el olvido al que fue sometida a lo largo de su vida, en un mundo de editoriales marcado por el ansia comercial que no supo apreciar sus habilidades literarias y narrativas.
Os sorprenderá si vuestras expectativas es leer algo diferente.

“Para hacer algo grande hay que empezar por hacer bien las cosas pequeñas”.

martes, 27 de diciembre de 2016

Tiempo de vida, Marcos Giral Torrente

En esta ocasión he elegido una lectura algo compleja y sofisticada, de vez en cuando es bueno cambiar de registro y abordar un relato no sentimental pero sí descarnado y sincero. Marcos Giral es un filósofo que ha conseguido conmoverme en una historia que podría pasar por un “ajuste de cuentas” entre padres e hijos, ejercicio difícil pero a la larga satisfactorio.
Reconstrucción de la relación del protagonista con su padre, los momentos que compartieron, las heridas abiertas, las barreras para comunicarse y el desmedido afán de fidelidad a pesar de las zonas oscuras, de las que nadie se libra, pero sin detenerse en ellas. Es tan impactante que resulta imposible no verse reflejado en el balance emocional y humano. Cuando tomamos la decisión de enfrentarnos a un inventario de vida en el que todo se trata y nada se calla; nuestra existencia aparece tal como es: tristezas, pasiones, recuerdos y descubrimientos generosos. Historia muy bien contada, confesión visceral que no ha pasado de puntillas por mí.
A pesar de mi tendencia a huir de los libros premiados, “Tiempo de vida”, obtuvo el Premio Nacional de Narrativa 2011 y el Premio Strega Europeo, y en contra de lo que suelo pensar siempre, en esta ocasión reconozco que coincido con el fallo del jurado.
En unas doscientas páginas, justa extensión, Marcos con precisión y detallismo rememora su papel de hijo y el papel de su padre, sin dejar nada al azar. El tono autobiográfico está presenta en todo el libro. Durante dos años cuidó de su padre enfermo y a lo largo de ese espacio de tiempo tuvo la oportunidad de realizar un ejercicio terapéutico y sanador buceando en el pasado, en una vuelta a la España de los años cuarenta, entorno social y familiar muy diferente a los tiempos que corren.
La lectura cuenta con ciertas curiosidades dignas de mencionar; ningún personaje es nombrado con nombre propio, el ritmo es cambiado intencionadamente pasando de una cierta rapidez inicial a la lentitud con la que termina, la alternancia de párrafos cortos y largos y las repeticiones consentidas, otorgan a esta novela de no ficción una originalidad poco frecuente.
Estos relatos tan personales entre padres e hijos acaban por provocar reflexiones y preguntas acerca de nuestras experiencias y la necesidad de enfrentarnos a estos procesos de reconciliación “de vez en cuando”.
Recomendable por su brevedad, por la temática de fondo que aborda sin tapujos las relaciones familiares, lo ágil de la lectura y sin duda por las enseñanzas que de ella se extraen. Sincera e íntima.

“El tiempo es la divisa de tu vida. Es la única divisa que tienes, y solo tú puedes determinar cómo será gastada. Sé cuidadoso y no permitas que otras personas la gasten por ti”.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Todo eso te daré, Dolores Redondo

Como todos los años por estas fechas, estoy delante del prestigioso Premio Planeta para hacer lo que ya es una costumbre..., cuestionar la validez de los mismos y por supuesto averiguar el significado del concepto “premio”, que a mi personalmente no me deja de “sorprender”.
Llevo media vida leyendo y esperando que estos señores de la editorial Planeta se dignen a deleitarnos con una novela digna que merezca el galardón y que superen sus ansias comerciales y su magnifico esfuerzo por lograr un éxito de venta que no deja más que insatisfacción a los que leen en este país. Sin duda cada lector es un mundo, por eso ante la pregunta de cómo es el libro, resumo diciendo que es entretenido para aquellos que están familiarizados con la escritora donostiarra; pero en el fondo prefiero ser sincera para evitar decepciones a los que regalan estos ejemplares en estas fechas tan señaladas, y boicotear así, las arcas de estos empresarios que flaco favor le hacen a sus lectores.
Dolores Redondo es la autora de “Todo eso te daré”, al haberme leído las más de seiscientas páginas, encontré la referencia al título en una frase que el diablo le dice a un mortal refiriéndose a los beneficios que obtendría si pactara con él. De manera que eso al menos me ha quedado claro. Aunque todo el mundo me ha invitado a leer “La Trilogía de Batzán”, después de esta experiencia no tengo intenciones de hacerlo, aunque sí he leído otras publicaciones de esta escritora y valoro su trayectoria literaria. Sin duda es un betseller navideño con intenciones comerciales y el respaldo de un “Premio” a estas alturas muy cuestionado. Ante esta entrada cañera lo mejor es presentaros las sinopsis y seguir con una reseña de traca que pueda compensar mi decepción annual “Planetaria”.
El escritor madrileño Manuel se entera de que su marido, Álvaro, que le había dicho que estaba en Barcelona, ha muerto en la Ribeira Sacra, en Galicia, tras un accidente de coche. Rápidamente se traslada al lugar, para identificar el cuerpo, y asistir al funeral.
Una vez allí, descubrirá que el difunto pertenecía a una familia noble, los Muñiz de Dávila, y poseía una fortuna de la que le ha nombrado único heredero. Aunque en un principio Álvaro quiere renunciar a todo, y huir del lugar, por el rechazo de su familia política, Nogueira, un guardia civil jubilado, y Lucas, sacerdote amigo de su marido, le pondrán tras la pista de que hay gato encerrado en el fallecimiento de este último.
Cuando se lee un argumento corto y sencillo, esperas una estructura ordenada y una trama bien configurada; cuando se habla de un personaje estrella, esperas que este sirva de eje central a la historia y cuando te hablan de una muerte sospechosa, piensas que el misterio está servido en bandeja de plata..., pues todos los pensamientos se me han ido al traste en las primeras páginas de la novela.
No me ha enganchado en ningún momento, el ritmo es lento y pastoso hasta ir saltando párrafos en los que no pasaba nada, la intriga brilla por su ausencia, las descripciones son excesivas y flojas, los monólogos interminables, la documentación geográfica con errores de primaria, expresiones y tópicos repetitivos, muertos cada cien páginas, final forzado, faltas de ortografía y gramática, capítulos abultados con rellenos innecesarios, reflexiones intimistas que condicionan la visión de los personajes, tramas y subtramas no justificadas en el argumento inicial, excesos de sentimentalismos y melodramas, desenlace embarullado, investigación policial infantil..., todo ello bajo el calificativo de un estilo narrativo hiperbarroco al que solo le salva el nombre de la escritora y las intenciones comerciales que avalan el premio con el que ha llegado a nosotros.
Lo que más me ha sorprendido es el hecho de que una novela esquelética que podía haber sido buena, se ha convertido intencionadamente en una novela “chicle”, se estira como si hacerla tan larga fuera un encargo, algo que le ha perjudicado enormemente, no todo vale para hacer “grande lo pequeño”; dar vueltas para contar algo simple pone en peligro el armazón del argumento y acabas perdiéndote en subtramas que sobran.
Por otro lado, Dolores ha querido abordar un abanico de temas de actualidad y ninguno lo ha hecho en profundidad, ha sido como la enumeración de un repertorio de situaciones que forman parte de nuestra realidad más inmediata; la homosexualidad, la violencia de género, los abusos infantiles, el narcotráfico gallego, los “Grandes de España”... y eso ha dejado en pañales a la historia.
La autora es muy dada a los relatos de familia y sus secretos; un clan con demasiados homosexuales para mi parecer, con enganchados a la droga, patriarca recalcitrante, hijos víctimas de colegios de curas, matriarca malvada y cuñadisimas que no pasan de puntillas..., vamos la familia española típica.
Voy terminando con los personajes, menudo desperdicio a la hora de construirlos, ninguno se sostiene por si solo, están configurados por encima, sin consistencia, difícil de empatizar con ellos y sus descripciones rozan el nivel de alumnos de la ESO; es lo peor de todo, porque en muchas novelas unos buenos personajes salvan un enmarañado argumento.
No quiero seguir hablando mal de la novela, ya digo que es entretenida para los que no tengan pretensiones más allá del disfrute del hecho de leer, pero me agota el fenómeno de los premios y la impunidad con la que se estafa al lector. Os contaré una anécdota que me ocurrió hace meses, una editorial me ofreció regalarme un ejemplar de una novela a cambio de una buena reseña en el blog, mi compromiso seria hacerlo si el libro era merecedor de ello y sobra decir que nunca me lo mandaron. Es la única explicación que hay para esas decenas de buenas opiniones de otros blogs que no coinciden con la paliza que yo acabo de dar a “Todo eso te daré”. Yo creo que por hoy ya he dado suficiente.

“Llegará un día en el que nuestros recuerdos será nuestra mayor riqueza”.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Patria, Fernando Aramburu


Desde el primer día que apareció en los escaparates de las librerías, supe que lo leería y también, que sería la novela de estas Navidades; aunque no soy muy dada a las compras “obligadas” de calendario, recomiendo esta obra de arte de las letras para quedar genial ante un gran lector, es un acierto seguro.
La descubrí a la vuelta de las vacaciones de verano, finales de septiembre, me apasionan los libros de tapa blanda, eso unido a la sinopsis de su contraportada, fue más que suficiente para quedarme con la boca abierta. Hasta hace unos días no lo he podido empezar y ayer lo terminé con la sensación de haber leído una “joya literaria”.
“El día en que ETA anuncia el abandono de las armas, Bittori se dirige al cementerio para contarle a la tumba de su marido el Txato, asesinado por los terroristas, que ha decidido volver a la casa donde vivieron. ¿Podrá convivir con quienes la acosaron antes y después del atentado que trastocó su vida y la de su familia? ¿Podrá saber quién fue el encapuchado que un día lluvioso mató a su marido, cuando volvía de su empresa de transportes? Por más que llegue a escondidas, la presencia de Bittori alterará la falsa tranquilidad del pueblo, sobre todo de su vecina Miren, amiga íntima en otro tiempo, y madre de Joxe Mari, un terrorista encarcelado y sospechoso de los peores temores de Bittori.
Mi primera novela de Fernando Aramburu, de manera que desconozco todo o casi todo de este escritor vasco considerado uno de los representantes más importantes de la narrativa española contemporánea; tal ha sido mi disfrute que no descarto leer algo más de él.
Yo lo simplificaría atendiendo a los dos personajes principales, y diría que es la historia de dos amigas, madres, esposas y sobre todo, mujeres... y el retrato de las vidas de los que les rodean. Existe entonces una trama principal que surge a raíz del asesinato del Txato y un repertorio de tramas secundarias a modo de tela de araña, que contribuye a tejer y dar estructura a este impresionante y valiente argumento.
Todo es un enorme puzzle de vidas, en el que cada pieza se desperdiga a raíz del atentado de ETA en el pueblo al que pertenecen ambas familias, el enfrentamiento y las consecuencias del mismo se dejaran sentir durante décadas, cada uno de los personajes representa una manera diferente de afrontar y asumir los efectos del mismo; por eso creo que la labor que Fernando ha hecho con los personajes es brutal.
No es una novela política, sí un documento humano con enormes cargas sociales y referencias al pasado de Euskadi asociado a la banda armada de ETA; al dolor, la muerte, la sin razón, el terrorismo cotidiano, el miedo, las amenazas y sin duda las emociones y experiencias de los que formaron parte irremediable de esta Historia.
El punto fuerte es la radiografía de esta realidad a partir de la disección de sus personajes, sus soledades y el ostracismo al que son condenados las víctimas. He percibido la intención del escritor de mostrarnos seres lastimados y heridos de por vida, cuyas heridas no cicatrizan ni con el paso del tiempo y de paso he reconocido la invitación a la reflexión continua ante el sufrimiento desigual de las dos familias.
Respecto a la estructura de la novela, existen narradores diferentes, mezcla del pasado y el presente repartidas a lo largo de decenas de capítulos, argumento no lineal con saltos desordenados en el tiempo, configurando lo que podríamos llamar una crónica social.
Me ha proporcionado una visión más completa de los casi cincuenta años de actividad de ETA y lo mejor es que creo que se ha alejado de juicios y partidismos como vasco y como según Fernando ha contado, la visión de quien pudo ser “uno de ellos”. No hay victimismo en su relato, hay grandes dosis de realidad, no ha pretendido hacer una novela de buenos y malos, más bien ha planteado el dilema de cómo coser lo que la violencia raja.
La amistad, juega un papel decisivo en las difíciles y duras vidas de aquellos que se han visto salpicados por un atentado y en la realidad novelada de “Patria”, nada pasa de puntilla y nadie sale indemne de algo tan impactante; de ahí que esté cargada de grandes dilemas morales.
No quiero desvelar más de estas seiscientas páginas, he disfrutado con el ambiente familiar que describe,también con ciertos momentos de humor que para mi no han tenido gracia, su capacidad para abordar un tema tan delicado y los diálogos medidos y dosificados que solo han perfilado aún más la grandeza de esta “Patria” que sin duda dará que hablar.
No quiero terminar sin añadir que siendo dura, se lee muy bien y que tal vez lo familiarizado que hemos estado con estos dramas ha facilitado su lectura, pero a la vez, me ha mostrado una cara desconocida del pueblo vasco, lo que unido a las alabanzas anteriores, no deja lugar a dudas de lo mucho que os la recomiendo. Os gustará.

“Para poder ver el Arco Iris, antes has de contemplar la lluvia”.