miércoles, 28 de junio de 2017

El cielo no existe,Inés Fernández Moreno


Cuando se inician las vacaciones, la tarea más urgente es seleccionar lecturas para el periodo que más disfruto del tiempo libre. Con la urgencia de ponerme al día con títulos elegidos a lo largo del año, en ocasiones no acierto en la lista de “espera” y se cuelan algunas novelas que son más bien flojas y a las que acabamos etiquetando de “playeras”. Es el caso de “El cielo no existe”, la portada tan animada y el mensaje tan cuestionable, me hizo creer que detrás de un argumento curioso encontraría un buen inicio para el deseado verano, no es inolvidable, pero se lee bien y está escrita con sencillez y buen gusto, de manera que la leí en la parrilla de salida y os la recomiendo para momentos en los que no aspiramos a nada especial, eso sí a disfrutar del placer de la lectura.
“A sus cincuenta años, Cala se encuentra un día con un bebé en los brazos. Se lo ha dejado Sabrina, la chica que cuida a su despótica y anciana madre. Con una vida inestable pero un ánimo siempre renovado, Cala se hará cargo del bebé mientras emprende la búsqueda de Sabrina y reaparece un viejo amor de la adolescencia.
Una Buenos Aires contradictoria, donde conviven la frivolidad y el empobrecimiento, es el escenario apropiado para que esta mujer de clase media descubra un mundo que apenas intuye pero que impone su presencia a diario: las mafias vinculadas a la trata y a las drogas, los servicios profesionales de las chicas "traviesas", los hospitales en ruinas, los barrios precarios del conurbano”.
Esta novela fue editada en el año 2013 y obtuvo un galardón de nombre religioso y largo título que ya no recuerdo. Nuestra autora pertenece a una saga familiar de escritores y comenzó su producción literaria como contadora de cuentos, registro que se aprecia en la forma de narrar los acontecimientos.
“El cielo no existe” son algo más de doscientas cincuenta páginas de una comedia mezcla de humor e ironía que acaban dando vida a un retrato sociológico agridulce que nace de las vivencias de una mujer corriente que acaba viviendo situaciones excepcionales. Ambientada en Buenos Aires, buenas descripciones, dividida en capítulos y amenizada con diálogos ocurrentes que hacen fácil y entretenida la historia.
Me gustó el personaje de la protagonista, intelectual cincuentona de clase media empobrecida a la que todo se le vuelve “patas arribas” y la capacidad de enfrentarse a lo novedoso de las circunstancias.
No puedo alargar más la reseña porque destriparía la esencia del relato debido a su brevedad, es la narración sencilla de lenguaje asequible que siempre apetece leer, pero ya dije al principio que no es para “tirar cohetes”.
Espero que os guste y que el disfrute se ajuste a vuestras exigencias. Es lectura, así es que es buena…

“El cielo será heredado por cada hombre que lleva el cielo en su alma”.

miércoles, 21 de junio de 2017

Espérame en la última página, Sofía Rhei

Cuando se cruzó “Espérame en la última página” delante de mis ojos, quedé enamorada por la belleza y colorido de su portada. Eso no fue nada comparado con la alegría que me proporcionó la sinopsis de una novela que aunque tuviera tildes de romántica, me trasmitió un sentimiento que se acercaba a una crítica hacia el amor mal entendido y dependiente, más que a una historia de amor de esas que no se olvidan. Me atrevería a describirla como un manual contra las relaciones equivocadas tan frecuentes en nuestra sociedad actual. Aún así, el binomio que se crea entre “amor” y “literatura”, preside esta narración que me han provocado muchas reflexiones y no pocas reacciones curiosas.
Silvia está a punto de cumplir cuarenta años y vive en París. Es la amante de Alain, un hombre casado que cada noche le cuenta la misma historia para retenerla; ella, a pesar de saber que ese cuento no es cierto, cae una y otra vez en la tentación de creerle. Su mejor amiga la convence para que visite a un entusiasta y enigmático consejero capaz de curar a través de la literatura. Gracias a autores como Oscar Wilde, Italo CalvinoGustave FlaubertTerry Pratchett o Mary Shelley , Silvia aprenderá valiosas lecciones, que de poco servirán cuando Alain reaparezca y disuelva lo que ella había construido: «Me equivoqué. Te necesito, no sabes cuánto». Y ella volverá a caer en sus redes como una polilla en una lámpara de camping”.
Sofía Rhei, no puede haber estado más acertada en el planteamiento de la trama, “los libros tienen efectos curativos”, su poder sanador es incuestionable, ambientada en París, narra la relación tóxica entre Silvia y Alain abocada al fracaso desde sus inicios. Puede parecer que el romanticismo se va a llevar “la palma” del relato y aunque no es menos cierto que eclipsa por momentos el protagonismo de los libros, no es así, el verdadero hilo argumental es la terapia que suponen los libros en vidas como la de Silvia.
Hasta hoy puedo decir que son la medicina perfecta para cualquier salud resentida, el bálsamo para heridas emocionales y el oxígeno que permite respirar en momentos de asfixia. Con un estilo sencillo y elegante, a través de capítulos cortos titulados con el nombre de una canción y su intérprete; Sofía construye unos personajes bien perfilados con papeles definidos para el cometido que les ha dado en su historia. Todos son reales, nos rodean en nuestro día a día, podríamos ponerles nombres y caras, son sin duda de aplastante actualidad, por eso resulta ameno y entretenido conocerlos con sus cualidades y defectos tan familiares para el lector.
El personaje que más evoluciona a lo largo de la novela es Silvia, se trasforma y construye una nueva identidad gracias a la influencia de Mousieur OFlaherte, el consejero literario que le aporta la visión de un mundo desconocido para ella. Seis libros se recetan para curar el mal derivado de la relación tormentosa que vive nuestra ingenua y enamorada protagonista, todos elegidos de forma espontánea por la autora, por lo que no se descarta cierta influencia biográfica en estas vivencias. Ambos acaparan la mayor parte de la narración, pero a modo de pequeña crítica, las idas y venidas de los amantes acaban desplazando ese paseo entre libros y autores que podía haberse explotado con más intensidad.
Recomendada por que se disfruta y es muy agradable leerla; la narración está repleta de frases y reflexiones bonitas que son de un acierto incuestionable, no es sensiblera ni romántica, es un aviso de alerta para quienes se encuentran en espirales que no conducen sino a la destrucción. Engancharnos a ella es un arte que ha sabido manejar esta escritora madrileña, la verdad que hablar de libros a través de un equilibrio entre diálogos y narración, con dosis de humor y hasta de misterio, hace que libros como este demuestren que “nuestro gusto por el placer de la lectura dice mucho de nosotros”.
“La vida proporciona con frecuencia inicios fascinantes, posibles principios de historias terriblemente prometedoras, pero muy pocos de esos principios tendrán un desarrollo y, mucho menos, un final a su altura”.

jueves, 15 de junio de 2017

Recursos inhumanos, Pierre Lemaitre

        Estar pendiente de Pierre Lemaitre es ya una costumbre en mí. Esa atención se debe a la pasión de sobra conocida que tengo por esta estrella de las letras galas. Habiendo leído todas sus novelas, en marzo, cuando tuve conocimiento de la publicación de “Recursos inhumanos”, supe que volvía a tener la oportunidad de disfrutar del maestro francés y su calidad literaria. Aunque me ha gustado a rabiar por la actualidad del tema y porque explora el lado más inmoral del mundo empresarial y los efectos destructivos del desempleo así como la precariedad social; mi novela estrella sigue siendo sin duda “Nos vemos allá arriba”, sin despreciar para nada todo lo que ha salido de sus manos hasta el día de hoy.
“Me llamo Alain Delambre y tengo cincuenta y siete años. Soy un directivo en paro." “El antaño flamante director de recursos humanos Alain Delambre ha perdido toda esperanza de encontrar trabajo y se siente cada vez más marginado. Cuando una empresa de reclutamiento considera su candidatura, está dispuesto a todo con tal de conseguir el empleo y recuperar su dignidad, desde mentir a su esposa hasta pedirle dinero a su hija para poder participar en la prueba final del proceso de selección: un simulacro de toma de rehenes. Sin embargo, la ira acumulada en años de agravios no tiene límites... y el juego de rol puede convertirse en un macabro juego de muerte”.
Nada más leer el argumento se descubre la temática estrella de la trama; el presente deshumanizado que padecen los desempleados y los efectos psicológicos y sociales que estos producen en una realidad descarnada como la que ha generado la crisis económica de las últimas décadas. Nos enfrentamos a un hilo argumental doloroso, dramático e hiriente, Pierre va a manejar inteligentemente estas ventajas de la actualidad más inmediata para sacarle partido y escribir un relato que sin dejar de lado el género negro, se convierte en un thriller angustioso y desesperante, donde los límites del protagonista se traspasan más allá de sus previsiones.
Estructurada en tres partes que relatan los hechos en tres tiempos bien definidos, el antes, el ahora y el después. Las dos primeras partes narradas en primera persona por Alain y la tercera por Fontana, uno de los personajes secundarios clave y que expone la historia. El inicio es el detonante que hace que te enganches sin remedio, algo más lento en ritmo que el resto del relato que gana en intensidad hasta hacerse trepidante y angustioso. Uso de diálogos y frases cortas que la dotan de un dinamismo aún mayor. Dosis de humor ácido y sarcasmo para reforzar la brutal realidad en la que nos movemos. No ha escatimado en giros argumentales inesperados que salvan una trama que en ocasiones aparece acorralada, manteniendo en modo “montaña rusa” esta lectura de venganza y critica contra el Capitalismo.
Personajes soberbios, especialmente el protagonista construido con unos registros que te hacen pensar si no tiene el autor la intención de que acabe siendo despreciado por los lectores; la verdad que entras en conflicto por los métodos utilizados y las personas a las que lastima, pero la reflexión a la que se nos invita es saber hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar en su lugar.
Totalmente diferente a las anteriores novelas de Pierre Lemaitre, nada que ver con la saga de nuestro comisario Camille, pero hay mucho de su estilo y sello personal. Creo que está bien planteada la batalla psicológica y la crisis de valores a las que nos enfrentamos en situaciones límites, ha sabido poner “negro sobre blanco” la cruda realidad de las que colectivos enteros son víctimas olvidadas y se respira en la lectura una mordaz crítica contra el sistema, a quien responsabiliza de todos los males de los últimos tiempos.
Recomendada y sobran las palabras, aunque reconozco que me dejó un sabor amargo porque es imposible no pensar en los problemas de un mundo que parece no ser el nuestro y del que evidentemente formamos parte.

“Sólo hay dos cosas infinitas, el Universo y la Estupidez Humana, pero no estoy muy seguro de la primera, de la segunda puedes observar como nos destruimos solo por demostrar quién puede más.”

sábado, 10 de junio de 2017

Órdenes sagradas, Benjamin Black

 Una foto sugerente e irresistible para ilustrar la sexta entrega de la saga del patólogo Quirke y su inseparable detective Hackett. Escrita por  Benjamin Black, seudónimo del escritor, Jhon Banville, de quien soy seguidora desde hace tiempo cuando descubrí la primera de las novelas de este particular forense, e imaginé y acerté en la elección y salvo pequeños detalles, sus registros responden a la prosa impecable a la que nos tiene acostumbrado.
“La madrugada en que el cuerpo de Jimmy Minor aparece flotando en las oscuras aguas del canal, ni Quirke ni su hija Phoebe pueden intuir hasta qué punto esa muerte va a remover sus propias vidas. Mientras Phoebe abre los ojos a una sensualidad desconocida, la investigación arrastra a Quirke de regreso al infierno de su infancia en el orfanato católico de Carricklea.
¿Podrá descubrir qué callan los muros de Trinity Manor? Y si lo consigue, ¿será capaz de sobrevivir a la herida de los propios recuerdos y regresar a la superficie del mundo actual?”.
Diez años lleva nuestro forense siendo el protagonista de estos casos de crímenes que tienen como escenario el Dublín de los años 50. Nuevamente las parejas hacen aparición a la hora de enfrentarse con los crímenes; detective Hackett y doctor Quirke. La arquitectura de los personajes es lo más admirable en el autor de “El libro de las pruebas” y las seis entregas anteriores de esta saga. La lectura de todas ellas se puede hacer de forma independiente, pero en esta última entrega se aprecian innumerables alusiones a las anteriores, de ahí que es bueno leerlas cronológicamente, pero no imprescindible, quedan pues recomendadas todas.
Un caso de asesinato en el que la víctima es un amigo de su hija, personaje recurrente en la saga de Quirke, la personalidad del muerto irá presentando datos que poco a poco obligan a nuestro forense a enfrentarse con las partes más oscuras de su pasado. La muerte en este argumento cobra vida hasta rangos poco habituales en el autor, a mi gusto en exceso; aún así muy ajustadas en descripciones y detalles  habitual en este maestro de las letras irlandesas.
Dos líneas argumentales he creído diferenciar; por un lado la investigación del periodista acerca de los “Tinkers”, familias nómadas que viven a las afueras de Irlanda en campamentos infrahumanos, y que le cuesta la vida al joven “intruso”; y por otro la vuelta al siniestro “Tryniti Manor”, internado regido por el padre Michael Honan director de los Padres de la Santa Trinidad, donde reposan los recuerdos más amargos y traumáticos de Quirke. Gracias a esta doble trama asistimos al crecimiento continuo de un personaje que no deja de hacerse grande en lo personal y en lo emocional.
Editada en 2015, sin duda es de las escritas la que más ahonda en la mente de nuestro protagonista, sin desmerecer la complejidad y exquisita construcción del resto de los personajes. Casi trescientas páginas de prosa impecable y lenguaje sencillo y cuidado. La ambientación del Dublín de los cincuenta sirve de escenario a temas como la indefensión infantil, el silencio y la culpa, y por supuesto la denuncia y crítica valiente hacia los abusos ejercidos por los estamentos eclesiásticos. Con este cóctel de recursos, el crimen no deja de ser una excusa en el relato de una de las más duras, complejas y conmovedoras historias de esta irresistible saga.
Me ha parecido la más de las psicológicas de las leídas hasta ahora, menos suspense y más atención a los traumas y heridas que han forjado el carácter de un Quirke que se nos muestra más alcoholizado y desgarrado que nunca.
Recomendada sin pega alguna, especialmente para los que disfrutan con la buena literatura mezcla de Banville y Black.

“La sombra no existe, lo que tu llamas sombra es la luz que no ves”.

martes, 6 de junio de 2017

Media vida, Care Santos


 La garantía de los libros premiados no son precisamente lo que me atrae a la hora de seleccionar una lectura, en este caso a pesar de que “Media vida” es el Premio Nadal 2017, he hecho una excepción al margen de estar bien o mal otorgado. Care Santos es una autora que he leído en otras ocasiones y me gusta su forma de narrar historias sencillas y que te dejan un buen recuerdo.
“En pleno verano del año 1950 cinco chicas adolescentes internas en un colegio de monjas juegan juntas por última vez a «Acción o Verdad» o, como ellas lo llaman, el juego de las prendas. Dos de ellas, las gemelas Viñó, están a punto de empezar una nueva vida, llena de interrogantes, lejos de allí. La ocasión es especial y lo saben, pero ninguna espera que esa noche se convierta en un punto de inflexión para alguien más y que sin siquiera imaginarlo acabe marcando su camino para siempre. En febrero de 1981, esas mismas mujeres vuelven a encontrarse después de 30 años sin verse. Las protagonistas se reúnen para saber qué ha sido de sus vidas y encontrar el perdón que la madurez y el paso del tiempo les ofrece”.
Dentro del género de ficción, Care nos presenta a través de sus personajes un retrato generacional a lo largo de treinta años, en una España cargada de acontecimientos históricos que abarca desde los años cincuenta a los inicios de la década de los ochenta, y que la autora describe en una ambientación muy acertada, recreándose en los cambios vividos por la mujer en una sociedad como la de la Transición Española.
Novela coral narrada a diferentes voces, la de sus protagonistas, con un ritmo ameno que nada tiene que ver con el potente inicio pero que no decae a lo largo del relato, personajes bien construidos, diálogos irónicos, dosis de humor maquillado, un escenario limitado en su mayor parte al restaurante donde trascurre la cita, cambios de registros y un estilo muy definido al que nos tiene acostumbrados la escritora catalana.
El argumento y su linealidad permiten seguir fácilmente la narración, me enganchó desde el principio por lo acontecido en el primer capítulo y que va a ser el motor de la trama y el detonante del lavado de conciencias de nuestras “mujeres”. Es sin duda una novela de personajes femeninos que han ido forjando sus vidas, cada una representa un modelo de mujer diferente y personalidades muy concretas, la existencia del secreto sirve de trampolín para el desenlace final, y gracias a las idas y venidas del presente al pasado se hará balance de las culpas y las necesidades de perdón que nunca llegaron.
Recomendada para quienes son seguidora de Care Santos autora de “Habitaciones cerradas”, “Deseo de chocolate” y “El aire que respiras”. No creo que sea desde el punto de vista literario como para un premio, pero mi opinión no está a la altura de un jurado experto; a mí me gusta como escribe, como cuenta historias sencillas que no dejan de ser muy reales, en un mundo de actualidad y que nos son muy próximas en el tiempo y en el espacio. Es la lectura que se disfruta sin pretensiones que tengan que ver con galardones, solo con el placer de la lectura de un relato bien contado.“Solo se puede perdonar aquello que es realmente imperdonable”.

jueves, 1 de junio de 2017

La abuela civil española, Andrea Stefanoni

El título la segunda novela de Andrea Stefanoni, me resultó ocurrente y divertido; sabía que dicha presentación no iba a ser casual y que me encontraría como telón de fondo una dramática experiencia de vida relacionada con ese momento histórico de nuestro país. No estuvo descaminado mi presentimiento, pero la sorpresa fue muy agradable porque en efecto el optimismo de su portada, la belleza de la foto, la risa de esa mujer, la calle de ese pueblo y la luz, demostraron que entre sus páginas se encontraba una historia íntima, tierna y esperanzadora que nada tenía que ver con otra “historia de la guerra” más.
Consuelo, la abuela del título, era aún una niña de un pueblo de León que, al comienzo de la Guerra Civil, se afana en el monte reuniendo las ovejas, protegiéndolas de los lobos, y en la posguerra trabajará en una mina. Tras su boda con Rogelio, un antifranquista sentenciado a muerte, al que no obstante liberan tras varios años en la cárcel, el matrimonio y una hija tienen que dejar el pueblo por temor a la represalia de un falangista al que Rogelio engañó al comienzo de la contienda.

Cuando me pregunta insistentemente alguien, ¿pero de qué va el libro?, esa es la oportunidad de contar en un par de frases su argumento para que nadie se desanime y caiga en la misma percepción inicial en la que caí yo; “Es la vida de una exiliada española tras escapar de la dictadura franquista recuperada por su nieta a modo de relato”. Aunque parezca excesivamente breve esa es la esencia de esta historia de memorias familiares, de recuerdos imborrables, de un cuadro individual que representa a colectividades enteras, de una historia real, creíble y entrañable, de retazos de pequeñas guerras que se vivieron en tiempos de paz, recuerdos de una supervivencia marcada por el desarraigo y lo que aconteció a su alrededor; pero lo mejor de todo es que se disfruta porque no es un relato más de la Guerra Civil Española, son setenta y cinco años de la biografía de unos abuelos que cuentan con el sentimentalismo justo, su proyecto de reconstrucción de vida, la huida, el miedo y la necesidad de volver a empezar.

Consuelo y Rogelio son los abuelos que proporcionaron a esta joven escritora todo lo que necesitaba para escribir acerca de uno de los episodios más trágicos de nuestro país. Desde la mirada de Sofía, va tomando forma un relato contado por dos historiadores con nombres propios, su memoria hecha palabra acaba convirtiéndose en un viaje al pasado, en una exposición de recuerdos amargos, de pobreza, de miedos, de venganza, que tuvieron que dejar atrás sin volver la mirada, pero con la dignidad suficiente como para saber que otra vida esperaba. Es la historia de la emigración que no caduca, que no sabe de colectivos ni de países, es la vida y el destino compartido ayer, hoy y mañana “por cualquiera de nosotros”.

Sin duda el telón de fondo es la marcha forzosa, pero Andrea a través de Sofía ha sorteado el cliché trillado de un tema como este y la guerra que lo provocó. Desde el punto de vista narrativo utiliza diferente técnicas y la novela de escasas trescientas páginas, es ligera, sencilla, ágil y de rápida lectura. Dividida en tres partes; la primera, situada en Boeza el pueblo leonés de sus abuelos, sus años jóvenes y más duros, escrita con frases muy cortas, pasajes escuetos, coloquios y descripciones objetivas. La segunda, es el relato de la marcha, el viaje a Argentina, el impacto del desarraigo y la empresa de echar raíces; y la tercera, como se asiste al renacer de esta, ambas partes narrativamente más dilatadas, pero sin perder el ritmo de la autora.

Andrea Stefanoni, es nieta de emigrantes, gerente de la Biblioteca más grande de Buenos Aires y una de las más bonitas del mundo, y desde ese trampolín ha querido hacer un homenaje a las mujeres de aquella “guerra” que tuvieron la oportunidad de vivir y por ello obtener la gran “victoria” de cualquier guerra. Su abuela Consuelo es el exponente de esas luchadoras que se adaptaron a las dos vidas, porque “ser feliz era su recuerdo inolvidable”.

Quiero animar a todos a su lectura, este tipo de “historias son dignas de ser contada y leída”, es la prueba de que cualquiera de nosotros tenemos una historia que contar, España es un depósito inagotable de “memorias de abuelos y abuelas” dispuestos a narrar a sus nietos y nietas experiencias personales de aquella guerra que “vivieron día a día” y “de lo que vino después”.
Recomendada, no es triste, es diferente y desde luego inolvidable.

"Que noventa años son mucho más de lo que nos parece, que una vida bien vivida no le teme a la muerte".