miércoles, 12 de julio de 2017

Historia de un crimen perfecto, Mikel Santiago


 “Historia de un crimen perfecto”, es una de esas opciones que llegan al terminar una novela potente que te han quedado impactada y que sin duda quisieras encontrar en la siguiente elección. Igualmente, es el momento de descansar y rematar una tarde con un relato corto a modo de paréntesis para el libro que ya pide paso con urgencias.
"Me llamo Eric Rot y escribo estas últimas líneas de mi vida para confesarme: Soy un asesino. Yo lo hice. La maté. Linda Fitzwilliams está muerta. Ni huida con su amante, ni jugando a esconderse para irritar a su familia, como apuntaron en su momento las revistas del mundo rosa... "
No había leído nada de este autor, y me ha gustado bastante; en pocas páginas, unas ciento sesenta, ha logrado un relato lleno de intriga y suspense, intenso y sencillo, en el cual y para variar no hay que buscar al asesino que se presenta al principio de la narración. Planteado a modo de confesión, narra en un acto de sinceridad consigo mismo, como si de un lavado de conciencia se tratara, no solo su vida sino el cómo y las razones por las que mata a su amante Linda. Así con este argumento tan escueto, Mikel Santiago aborda el tema psicológico del asesino a través de los efectos de la culpa que pueden llegar a derivar en auténtica locura.
Visto desde este prisma, el remordimiento es el detonante de la trama, la necesidad de eliminar los motivos que le impiden seguir con una vida normal. Poco más se puede contar en la reseña debido a la brevedad de este ligero thriller muy susceptible de ser llevado al cine. Buen ritmo, lenguaje adecuado a la historia, intensidad de relaciones entre el binomio asesino y amante, escenarios muy bien descritos, ambientación cuidada en la ciudad del amor, París, dividida en capítulos y cargada de diálogos que favorece el ritmo trepidante de la lectura. A pesar de saber la autoría de los hechos, no está exenta de sorpresas, aunque lo predecible sea muy evidente en estas escasas páginas.
Recomendada por que garantiza un par de horas de entretenimiento y porque no deja de ser curiosa la actitud de este asesino que nos ofrece la historia de un asesinato con autoría propia. Ni que decir que brillan por su ausencia los polis borrachos y los investigadores depresivos; aquí es él y solamente él.

“La señal de que no amamos a alguien es que no le damos todo lo mejor que hay en nosotros”.

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