domingo, 25 de octubre de 2015

Contigo en la distancia, Carla Guelfenbein

Una vez más, la belleza de la portada es de lo mejor de la novela.
“Contigo en la distancia” obtuvo el Premio Alfaguara 2015, y siguiendo mis sospechas, compré el libro casi convencida de que no iba a ser “especial” desconfío casi por sistema de las obras premiadas y por desgracia no me equivoqué. Aún así, el argumento atrapa y es sugerente, pone en duda mi intuición y tal vez por eso le quise dar su oportunidad. Os cuento lo que me ha parecido tras leerla bastante tiempo después de comprarla.
Es lo primero que leo de Carla Guelfenbeim, de apellido impronunciable, su nacionalidad es chilena y hoy es considerada una de las escritoras mejor valorada de la literatura Hispanoamericana del siglo XXI. Digo todo esto por si queréis mirar otras novelas, seguro que mejores que esta.
“A Vera Sigall y Horacio Infante los une un amor de juventud y su pasión por la literatura. También un lazo misterioso que dos jóvenes, Emilia y Daniel, intentan desentrañar. Sin embargo, este no es el único enigma en sus vidas. Una mañana, Vera Sigall cae por las escaleras de su casa y queda en coma. Al principio, la noción de que su caída no fue un accidente aparece como una sospecha para Daniel. Pero con los días y las semanas, la duda irá creciendo hasta volverse una certeza. Emilia y Daniel se encontrarán en la búsqueda de la verdad acerca del accidente de la mítica escritora pero, sobre todo, en la necesidad de entender sus propios destinos”.
A simple vista puede parecer un thriller, quizás tenga algo de ello, pero ni tiene muertos, ni asesinos, ni escenas macabras..., es un misterio en forma de secreto que irán desvelando los personajes de la novela. El argumento puede considerarse melodramático tejido en forma de tela de araña alrededor de las tres historias generacionales que protagonizan sus tres personajes: Emilia, Daniel y Horacio; Vera no cuenta nada, permanece postrada por las secuelas de su sospechoso accidente. Durante la exposición de los tres frentes narrativos se recurren a dos ambientaciones temporales que van y vienen; años 50 y la actualidad, todo muy lento, pastoso, sin emociones a recordar, todo muy previsible y aburrido.
Que pena contar estos detalles de la lectura, pero lo que parecía una historia policíaca no cuaja ni siquiera al final de la misma. Tal vez se acerque más al género romántico, porque en el cruce de historias de estos personajes aparece el amor, la amistad, el compromiso, los éxitos, los fracasos y la visión intimista de la vida de sus protagonistas.
He buscado en Internet datos de la autora y la novela está basada en la biografía de la escritora brasileña Clarice Lispector; lo cuento porque en la novela, Vera es el personaje femenino mudo en torno al que gira toda la trama, imagino que potenciando la figura en la que se basó para su relato.
Me gustaría justificar mi reseña poco agraciada, diciendo que en muchas ocasiones los premios literarios que llevan aparejados grandes beneficios económicos, acaban convirtiéndose en un producto encaminado a la rentabilidad comercial por parte de la editorial y a un servilismo literario, al que se ven sometidos voluntaria o involuntariamente los escritores que optan a ellos.
No es la primera vez que me decepciona un premio que con todos mis respetos hacia el jurado, no me ha hecho disfrutar tanto como yo esperaba. Como siempre, intentarlo que igual yo soy demasiado exigente y os gusta. Suerte.

“El amor verdadero perdura a través del tiempo y la distancia, esto sólo es posible si se logran mantener juntas las gotas de razón que da la mente y al propio corazón con sus latidos”.

jueves, 15 de octubre de 2015

No apagues la luz, Bernard Minier

Esta, es sin duda la frase que más asociamos a una situación relacionada con el miedo a algo, mientras nos disponemos a sumergirnos en el mundo de los sueños, “No apagues la luz”. Sin embargo, en esta ocasión es el título de la tercera novela de Bernard Minier, escritor representante del thriller psicológico francés, comparable a Pierre Lamaitre o Fred Vargas.
“No apagues la luz”, “Bajo el hielo” y “El círculo” cierra la trilogía del comandante Martín Servaz, el protagonista masculino de la saga escrita por Minier dentro del panorama narrativo europeo actual. La elegí una tarde expresa, buscando lecturas encaminadas al otoño que se acercaba peligrosamente y que anunciaba tardes de sillón acomodada bajo el foco que sin duda permite crear un ambiente para este tipo de novelas. Quiero decir que aunque he hecho referencia a otros grandes de este género en Francia, comencé por Bernard y luego ya me lancé por el resto, toda una aventura muy provechosa.
Confieso que el morbo del título me atrapó tanto como el argumento y las posibilidades que imaginé tenía la obra, de manera que aposté por ella, sin haber tenido referencias anteriores de la misma.

“Desde que el psicópata Julian Hirtmann le envió el corazón de Marianne dentro de una caja de cartón, el comandante Martin Servaz ha permanecido internado en un centro para policías, luchando por sobreponerse a un golpe tan atroz. Necesita descanso y, sobre todo, recuperar las ganas de vivir. Sin embargo, un día Servaz recibe por correo la llave electrónica de una habitación de hotel en la que un año antes una artista se quitó la vida de una forma sobrecogedora. Intrigado por los motivos que han llevado al misterioso remitente a contactar con él, Servaz contraviene las órdenes de guardar reposo y decide investigar por su cuenta. Al mismo tiempo, la periodista radiofónica Christine Steinmeyer encuentra en su buzón una misiva anónima perturbadora: la carta de una suicida, primer paso de un acoso sin tregua que continuará con llamadas amenazadoras, extorsión e intimidación sexual; una serie de agresiones que la sumirán una pesadilla que podría arrebatarle la cordura. Conforme Martin y Christine se ven envueltos en situaciones cada vez más extrañas, las claves para resolver este misterio inexplicable surgirán en sitios tan dispares como las óperas clásicas de desenlaces trágicos, un diario desgarrador o en el corazón de la industria aeronáutica, basada en Toulouse. Ante estas circunstancias, dos personas en un estado mental extremadamente frágil no tendrán otra salida que plantar cara a sus demonios más íntimos y a un enemigo perturbado dispuesto a todo por hacerse con el control de sus vidas”.
Con la sinopsis que acabo de poner, sin duda reconocemos muchos recursos utilizados en el género de novela negra, suspense, misterio o detectivesca que ya he reseñado en otras ocasiones; presencia del psicópata de turno, parejas de protagonistas hombre/mujer, ambos afectados por crisis personales, profesionales y emocionales, dramas del pasado que tienen pendientes y que han de superar, hospitales psiquiátricos, perturbado violento que realiza actos criminales de una crueldad incalculable..., en definitiva, nada novedoso en lo referente a esos aspectos. Pero, en este caso son dos tramas aisladas, protagonizadas independientemente por dos personajes que van avanzando dosificadamente hasta que se cruzan, complicándose el hilo argumental al sumarse progresivamente otros actores que dotan al relato de intriga, tensión, dolor y desesperación, en donde “nada es lo que parece” y “los malos no son tan malos y los buenos no son tan buenos”.
Creo que el potencial de esta novela se encuentra en la manera en la que Bernard Minier ha construido a los personajes, no es la primera vez que estos superan a la propia trama, de gran complejidad y con todo detalle, los somete a un acoso extremo creando una atmósfera irrespirable y dramática llena de fuerza que va en "crecendo" a medida que se avanza en la lectura.
Su mérito narrativo al cruzar las dos historias es incuestionable, de hecho aunque la primera parte es de infarto, ese cruce de destinos hace posible que no bajes el interés y mantengas la curiosidad hasta el final. Tensión narrativa en estado puro, escenificación de lujo, tanto en la parte que recrea en las montañas, como los momentos urbanos; Toulouse es la ciudad elegida por el autor como marco del sufrimiento humano al que somete “in extremis” a Martin y Christie.
Cuando tienes la oportunidad de leer un relato en el que la trama se acelera a medida que se acerca al final, es buena; pero si esto sucede casi desde el inicio del mismo, es que “promete”... Los giros inesperados y continuos a los que nos somete el escritor son impresionantes, tanto que en ocasiones tuve que volver hacia atrás porque pensé que me estaba confundiendo y algo me había dejado pendiente; consiguió que variara los papeles de algunos protagonistas que ya tenía identificados, en realidad crea esas contrariedades de manera planificada y fue lo que me mantuvo atenta hasta el final.
Puede resultar agobiante para muchos, “no apta para cardíacos” que digo yo, pero del total agrado de los seguidores de la novela negra, porque logra trabajar otros subgéneros dentro de la misma. Yo diría que más que de suspense es una novela de investigación de tildes detectivesca.
No quiero terminar sin mencionar los numerosos guiños que hace Minier al mundo de las artes, a la música clásica y obras latinas; común a otros escritores franceses que comparten género y época.
Casi seiscientas páginas que te hacen mantener “La luz encendida”.

“No hay que apagar la luz del otro, para lograr que brille la nuestra”.
"Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, estás en lo cierto”.

jueves, 1 de octubre de 2015

La Templanza, María Dueñas

Recuerdo el inicio del mes de Septiembre como uno de los peores de mis últimos años, el curso académico ha estado repleto de acontecimientos nefastos que me han impedido concentrarme en nada y menos en una lectura profunda; así ha ido pasando el mes, y una vez que todo sen ha tranquilizado, he echado mano de esta novela de María Dueñas que estaba literalmente aparcada desde el inicio del verano; su título, “La Templanza”, responde a mis necesidades emocionales de estos momentos, lo de menos es la calidad de la misma, de manera que la he leído y tengo que reconocer que algo más relajada estoy; porque en las fechas que se avecinan voy a necesitar “Mucha templanza”.
Una vez justificada como es habitual en mi la elección, quiero contar que desde que leí “El tiempo entre costuras”, María se convirtió en una escritora que gozaba de todo mi aplauso, luego, emocionada por la aparición de su segunda obra ,”Misión Olvido”, sufrí la decepción más impresionante de los últimos años, y es que cuando la reseñé conté que tenía la sensación de que no había sido escrita por ella. Tal fue mi desencanto que no tenía intenciones de volver a leer nada de esta escritora, pero en una nueva oportunidad he querido abordar “La Templanza” con el propósito de superar ese mal sabor de su segunda novela; quizás esa ha sido la razón de estar “aparcada”, algo poco común en mi, pero para ser franca me daba miedo volver a criticarla aún sabiendo lo difícil que es el arte de escribir.
Leída queda y no puedo llegar a decir que es tan mala como la anterior ni tan buena como la primera, pero es cierto que no respondiendo a mis expectativas literarias, sí que ha calmado mi ánimo y ha logrado centrarme en mi hábito de lectora, que con tanto jaleo ni ganas de leer tenía; de manera “que ni para ella ni para mí”, la dejaremos en aceptable y no la voy a reseñar como decepcionante porque tampoco lo merece.
“Nada hacía suponer a Mauro Larrea que la fortuna que levantó tras años de tesón y arrojo se le derrumbaría con un estrepitoso revés. Ahogado por las deudas y la incertidumbre, apuesta sus últimos recursos en una temeraria jugada que abre ante él la oportunidad de resurgir. Hasta que la perturbadora Soledad Montalvo, esposa de un marchante de vinos londinense, entra en su vida envuelta en claroscuros para arrastrarle a un porvenir que jamás sospechó. De la joven república mexicana a la espléndida Habana colonial; de las Antillas al Jerez de la segunda mitad del XIX, cuando el comercio de sus vinos con Inglaterra convirtió la ciudad andaluza en un enclave cosmopolita y legendario. Por todos estos escenarios transita La Templanza, una novela que habla de glorias y derrotas, de minas de plata, intrigas de familia, viñas, bodegas y ciudades soberbias cuyo esplendor se desvaneció en el tiempo. Una historia de coraje ante las adversidades y de un destino alterado para siempre por la fuerza de una pasión”
Lo primero que destaco, es la elección de un hombre por parte de María como protagonista principal, es evidente que una mujer que mueva la novela existe, pero son esos secundarios potentes que ella trabaja también y que casi empaña el papel del “actor” principal, pero sin duda esta vez ha elegido a la persona de sexo contrario al que nos tiene acostumbrados. Documentación impecable, tres escenarios sirven de fondo a la obra; México, en una primera parte bastante lenta, La Habana da paso a la segunda y al final Jerez de la Frontera, localidad donde aparece Soledad, dando el ritmo a la trama que no ha tenido hasta este momento.
El argumento es prometedor, pero solo eso, es una historia colonial con inicios que no te engancha, a la que le cuesta arrancar y con altibajos que te llevan desde situaciones cargadas de emoción a páginas donde la trama se ha desinflado por completo; es lo que me hace percibirla en su conjunto como “floja”, pero no es razón para abandonarla.
He echado de menos en estas casi seiscientas páginas el tema de las relaciones humanas que tan bien sabe trabajar María Dueñas, las cuestiones económicas solapan aspectos íntimos de los personajes que enriquecen la historia; tal vez eso me hubiera interesado más que otras cuestiones en las que se recrea sin prisas.
Es entretenida en general, su lectura es ágil y fácil de seguir; me ha recordado a los guiones de “telenovelas” o series de mediodía españolas que ahora tenemos al alcance. Sin menospreciar a nadie, creo que hay un público muy determinado al que le encantaría “La Templanza”; por supuesto la escritora manchega ha planteado una trama bien construida en el tiempo y con una ambientación sin criticas.
Me siento muy injusta con La Dueñas, inevitablemente todo lo que leo y comento lo hago comparándolo con “El tiempo entre costuras” y eso no deja de ser un error, pero es lo que hago, por eso, os invito a que la leáis y no descartéis por lo que cuento la novela. Siempre digo que la lectura es mi tabla de salvación y he comenzado diciendo que la escogí porque necesitaba salir de un embudo emocional y “ella” me ha ayudado, de manera que en justa compensación y por “la templanza” que me ha aportado, quiero recomendarla, no cuando sea una cuestión de urgencia, sino por el grato y satisfactorio placer de leer.
Seguro que os gusta.

“Templanza y trabajo son los dos mejores custodios de la virtud”.
“El vigor del alma, como el del cuerpo, es fruto de la templanza.”.

martes, 22 de septiembre de 2015

El lugar sin culpa, Jose Mª Merino


Los meses de septiembre son muy ajetreados en mi vida, es por ello que mi hábito de lectura se resiente hasta el extremo de buscar novelas cortas que me permitan mantener el ritmo habitual al que estoy acostumbrada; cuento esto para justificar la elección de “El lugar sin culpa”, que no siendo inolvidable, se ajusta muy bien a lo contado en líneas anteriores.
José Mª Merino, es un autor desconocido para mi, me atrajo la portada relajante, el número de páginas y por supuesto el argumento, las tres razones me convencieron para leerla y las tres fueron acertadas.
Al parecer, según he leído en la biografía de Jose Mª, es normal elegir para sus relatos parajes solitarios o como en este caso una isla apartada que permita a sus protagonistas “encontrarse a sí mismos”.
“Una bióloga, para alejarse de un doloroso drama familiar, elige como destino profesional un laboratorio situado en una isla casi deshabitada, un «espacio protegido», donde el transcurrir del tiempo se ajusta mucho más al ritmo de la naturaleza virgen que al de los pocos seres humanos que habitan en ella, y donde parece posible que la memoria personal pueda ser anulada. Sin embargo, la llegada a la isla de un barco con el cuerpo ahogado de una joven devolverá a la protagonista la conciencia de la realidad humana y temporal a la que, a pesar de todo, pertenece”.
Sin duda la protagonista es la doctora Gracia, pero junto a ella, aparecerán poco a poco un repertorio de habitantes muy variopintos que acarrean sus propias historias personales; todos tienen en común el factor de la “huída” de algo que desean dejar atrás, infortunios variados que han provocado el abandono de sus vidas anteriores.
La isla está situada en el Mediterráneo, Baleares, es el marco en el que se ambienta este relato de lenguaje sencillo, con un trasfondo de naturaleza que roza lo paradisiaco; un escenario que hará de refugio a todos los que quieren mantener a distancia a la infelicidad que ha provocado su arribada a esa “isla” al alcance de cualquiera.
Tal como cuenta el argumento, la paz ansiada se ve alterada por la aparición de un cadáver de mujer y la realidad estalla brutalmente ante la posibilidad de que dicha mujer tenga relación con nuestra aisla doctora. No quiero desvelar más porque rompería lo poco de misterio que tiene la novela.
Sin duda se nos invita a reflexionar con las cuestiones vitales a la que nos enfrentamos continúamente; la superación del pasado, lo efimero de la felicidad, la perseverancia en esquivar los problemas, el aislamiento como refugio del dolor...
Narrada en tercera persona, con una mezcla continúa del pasado y el presente, dividida en capítulos y con la curiosidad de contar lo sucedido en tan solo dos días. El autor es muy sobrio en la construcción literaria, su brevedad y originalidad no permite juegos, va a lo hecho, para nada utiliza artificios, excesivamente limpia y sencilla. Me ha llamado la atención la ausencia de nombres propios, solamente conocemos el apellido de la doctora, el resto es anonimato asociado a profesiones, es lo único que distingue a los personajes unos de otros.
Me ha parecido entretenida y hace pensar que a veces es urgente aislarse física y mentalmente porque las circunstancias así lo imponen, pero no es necesario una isla, se puede hacer en cualquier espacio que responda a los propósitos de servir de refugio a la desolación que nos inunda. La realidad puede convertirse en un monstruo asfixiante y “evaporarse” es la solución..., pero hay que regresar, esa misma realidad es paciente y nos espera, somos nosotros los que hemos de cambiar para volver a ser parte de ella.
Bueno, queda aconsejada esta novela que no es dramática sino extraña, pero aceptable hasta que contemos, al menos yo, con más tiempo para otras de más “enjundía”.

“El alma desordenada lleva en su culpa la pena”.
“El resentimiento, la crítica, la culpa y el miedo aparecen cuando culpamos a los demás y no asumimos la responsabilidad de nuestras propias experiencias”.

martes, 15 de septiembre de 2015

LLámamae por mi nombre, André Aciman

Las novelas con argumentos que hablan del verano, te invitan a escogerlas por empatía con la estación del año en la que más leo; tal fue el caso de “Llámame por mi nombre”, nunca me hubiera detenido en este tipo de relato cuya portada esconde el rostro de un hombre que a priori no me sugería absolutamente nada.
André Aciman, es un escritor desconocido para mi, por lo tanto mi reseña no puedo hacerla comparándola con algunas de sus otras obras, si que es cierto que me ha gustado como escribe y que no descarto la posibilidad de leer algo más en fechas venideras.
La novela se desarrolla en Italia durante los años 80, los acontecimientos que se describen son las vivencias de esos momentos de tranquilidad y ocio que tanto se disfrutan en el Mediterráneo; el mar, el calor, los acantilados, las siestas, las piscinas y como no, los deseos y despertares de instintos irrefrenables.
“Llámame por tu nombre cuenta la historia de Elio, el hijo mejor de una familia de intelectuales de un pequeño pueblo de Italia que cada verano acoge estudiantes. Los últimos ganan un techo, la familia, alguien que ayude al padre con los papeles. Aquel año el huésped es Oliver, el chico de 22 años. El libro es la historia de amor que surge entre ambos. Y lo hace con una delicadeza y una inteligencia que puede desarmar, incluso, a todo aquel que no cree que dos personas del mismo sexo puedan enamorarse”.
Uno de los temas más trabajados en la literatura universal, son los amores prohíbidos, esos no tienen edad ni conocen de tiempos pasados o presentes, no caducan, de una manera u otra siempre han sido el tema principal de grandes novelas. En esta ocasión, André ha contado una breve pero intensa relación entre dos personas, dos seres que se cruzan y se enamoran, así de sencilla es la ecuación del amor. Lo hace con elegancia y ternura, ejecuta una descripción del enamoramiento con una melancolía y simpleza que seguro resulta del agrado de un público muy concreto, aunque no quiero decir con ello que no sea para apta para todos los lectores.
El escritor egipcio narra de forma intensa y profunda y para ello utiliza la primera persona, lo que dota al relato de más intensidad y lo hace hondo e intimista. Utiliza continuamente frases cortas e hirientes, con una carga de mensajes emocionales que no pasan desapercibidos a lo largo de la lectura.
En tan solo seis semanas quedan encerrados los sentimientos y la experiencia de ambos protagonistas, sabiendo que su historia de amor cuenta con un final que pondrá el tiempo y el propio autor.
Me ha gustado en general, pero en particular tiene tramos muy densos que frenan el avance de los hechos ralentizando la narración, parece avanzar poco, demasiado poco en momentos donde se despierta la curiosidad por saber más...
Quiero aplaudir las numerosas citas y guiños literarios que hace a filósofos y pintores y a todo un mundo lleno de calidez y serenidad. Lo recomiendo porque no estresa sino todo lo contrario, ayuda a sumergirse en esa sedación que acompaña a las calurosas y largas tardes de verano.

“El amor es el único lugar al que vale la pena volver tras el paso de los años”.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven, Albert Espinosa

“Si yo llego a saber que era tan malo...”, pues no me lo leo; es una lástima pero es así como lo digo. Lo mejor es sin duda el título, me recuerda a esa canción de los Panchos, ese bolero que por amor decía se estaba dispuesto a dejarlo todo, si alguien lo requería. Ya en serio, no es la primera vez que leo a Albert Espinosa, por eso no dudé en un momento que me quedé sin lectura, leer esta breve historia que parecía prometía, desde luego el argumento animaba a no despreciarla sin más; pero no siempre se acierta y este es uno de esos casos.
Lo tenía en digital y de ahí la misión que desempeñó para mí, respondió a una necesidad y poco más, siempre sin olvidar que el hecho de leer es un acto generoso digno de tener en cuenta y por eso lo reseño.
“Dani se dedica a buscar niños desaparecidos. En el mismo instante en que su pareja hace las maletas para abandonarle, recibe la llamada de teléfono de un padre que, desesperado, le pide ayuda. El caso le conducirá a Capri, lugar en que afloraran recuerdos de su niñez y de los dos personajes que marcaron su vida: el señor Martín y George. El reencuentro con el pasado llevará a Dani a reflexionar sobre su vida, sobre la historia de amor con su pareja y sobre las cosas que realmente importan”.
La historia es simple, carente de emociones, llega a tener estructura de cuento infantil; dividido en capítulos, lleno de saltos temporales, lectura fluida y sencilla, ligera sin empacho, pero sin capacidad para enganchar y para nada crear emoción o suspense; quiero con esto aclarar que no es una novela policíaca, aunque pueda parecerlo por su argumento, yo diría que es de autoestima más bien y esas a mi, si que me van poco, ya me ayudo yo sola.
Poco más puedo deciros, Dani es la piedra angular de la trama y es flojo en calidad literaria, tanto que me apuraría a decir, mediocre. La elección está justificada en líneas anteriores, el autor me pareció una garantía y las escasas doscientas páginas un acierto por si no resultaba brillante, tal que así ha sido.
Bueno, reseñado queda y si sufrís una urgencia de difícil solución, le dais una oportunidad que nunca está de más.

“Cuando crees que conoces todas las respuestas, llega el universo y te cambia todas las preguntas”.

“Cuando llevas años aceptando que tu vida es lo que te pasa y no lo que originas... Pues lamentablemente, te acabas acostumbrando”.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Una casa llena de palabras, Eleanor Brown

Irresistible portada y título para quienes amamos la lectura. Con esto no quiero decir que sea lo mejor de la novela de Eleanor Brown, pero una vez leída sus más de trescientas páginas, voy a tener que poner mucho empeño en reseñarla por lo alto. Mejor pongo la sinopsis y provoco algún que otro interés.
”Las hermanas Andreas crecieron rodeadas de libros. El lema de su familia podría perfectamente ser "no hay problema que no se pueda solucionar con un carné de biblioteca". Ahora las tres han vuelto a casa, a la pequeña ciudad universitaria donde crecieron, en parte porque acaban de descubrir que su madre padece cáncer pero, también, en realidad, porque sus vidas se están desmoronando y no saben qué hacer. Han descubierto que sus vidas han resultado ser completamente diferentes a como se las imaginaban y ahora que se tienen que enfrentar con la fragilidad de sus padres y su propio abanico de decepciones y frustraciones no saben si será posible que abriendo un libro todo se solucione”.
He identificado varios protagonistas, en primer e indiscutible lugar, los libros; inmediatamente y seguida muy de cerca, la enfermedad que aparece en casi todas las novelas de los últimos tiempos, el cáncer y por último, el regreso al hogar. Estas dos, muy recurrentes, tanto que en ocasiones huyo de novelas donde aparezca el cáncer y sus efectos, cualquiera diría que me va el rollo, no es así, llega solo; luego, una vez que comienzo las lecturas no puedo abandonarlas y al final me alegra haberlas leído por las buenas reflexiones que me aportan y porque “huir es de cobardes”. Los regresos a hogares que una vez se dejaron atrás, es igualmente común en argumentos dentro de la narrativa contemporánea, da mucho juego y permiten contar historias que se mueven en tiempos distintos, del presente al pasado, y aporta dinamismo a relatos que a veces se hacen tediosos.
A pesar de reconocer estos detalles, he terminado “esta casa llena de palabras”, bien narrada, en primera persona, con tres hermanas que absorben el protagonismo a partes iguales, con personalidades bien perfiladas y que de entrada me cayeron muy mal, porque todas tenían un motivo particular y egoísta para volver, muy alejada de la razón de peso que suponía la enfermedad de su madre.
Eleanor, hace una reflexión acerca del fracaso individual de estas tres mujeres, nos presenta un motivo para reunir a una familia que vivió amparada en la figura paterna y en el valor de los libros, sus vidas son expuestas con sus defectos y escasas virtudes, gracias a los flash back, que utiliza la autora, junto con las dosis de ironía y peculiar humor inglés.
Me ha parecido una historia de familia, de mujeres diría yo, bien trazada e hilvanada a costa de las imnumerables citas del escritor inglés Shakespeare; por cierto, llegan a resultar cargantes, es como si nos desgranaran el Quijote a lo largo de una narración juvenil y actual; gustaría pero en su justa medida.
Os la recomiendo porque su lectura es fácil, se disfruta, tiene sus toques de ternura y además hay que dar oportunidades a los escritores en sus óperas primas, seguro que la segunda es mejor; de momento esta se deja leer y muy adecuada para momentos “entre lecturas” que llamo yo al paso entre novelas potentes que nos dejan agotados.
Una curiosidad, he leído que su título original en inglés es “Las hermanas fatídicas”, referidas a “Las tres brujas de Macbeth”.

"En nuestra familia siempre hemos comunicado los sentimientos más profundos por medio de las palabras de un hombre que lleva casi cuatrocientos años muerto".