viernes, 12 de septiembre de 2014

El balcón en invierno, Luis Landero

Me detuve ante esta obra de arte de la fotografía, para contemplar su belleza y recrearme en todo lo que me trasmitía. Ese fue el motivo principal para ojear otra novela más, de uno de los escritores extremeños que más me hacen disfrutar de la lectura. Ternura, cariño y admiración .. nuestros mayores son una de las riquezas más universales de la humanidad; la sabiduría que nos aportan no se encuentra en ningún otro lugar conocido, de manera que un “aplauso” por la elección de tan maravillosa portada y una “ola” por el contenido de sus páginas, que una vez más me confirman la grandeza de Luis Landero y su particular manera de escribir.
Hay que reconocer que un balcón en invierno es poco recomendable, pero hay que admitir que en cualquier otra fecha del calendario, el goce y entretenimiento está asegurado; es la vía de escape para salir al exterior sin abandonar nuestro interior más inmediato. Es un poco el planteamiento que el autor hace en la novela, su balcón le garantiza asomarse a la vida sin poner en riesgo su pasado y su presente.
De carácter autobiográfico, nos plasma un repertorio de recuerdos y realidades que le sirven como protesta a la saturación de ficciones de las que se siente en franco rechazo. Si tenemos una realidad que contar no hay necesidad de recurrir a la imaginación, a la fantasía... es la renuncia de ficción en pro de esa realidad personal e íntima que necesita exponer en el desnudo más atrevido literariamente hablando que nunca pensó ejecutar.
“El balcón en invierno” comienza cuando se pone fin a una novela sobre un jubilado que transita con un revólver; hastiado de tanto “más de lo mismo”, hace un giro atrevido y extremo y decide escribir los pasajes de su vida en tono autobiográfico, recorriendo los momentos más inolvidables de su vida, partiendo de un recuerdo relacionado con otra salida a otro balcón en otro momento y junto a la que fuera su madre, tras la pérdida repentina e inesperada de su padre.
Tal como es habitual en Landero en tan sólo doscientas cuarenta y cinco páginas se pueden contar más de media vida sin necesidad de abrumar y bajo la invitación a la lectura calmada, sosegada y placentera.
Ni que decir que lo personal marca toda la narración de una infancia en una familia de labradores de Extremadura y una adolescencia en un barrio obrero madrileño de nombre “Prosperidad”; las alusiones a sus raíces campesinas son un clásico en este escritor, admirador de un tiempo pasado y empeñado en rescatar sentimentalmente una geografía, unos paisajes, unas costumbres, unos oficios, lazos familiares, compromisos vitales; todo a base de recopilar sus vivencias, fantasías, recuerdos y añoranzas, bajo la lupa de la melancolía y la nostalgia. Sin duda es la fotografía de un país y una época que le tocó vivir; la posguerra española, de agradecer que sus alusiones aparezcan con cuenta gotas, por supuesto se entienden sus verdades encadenadas en este escenario que formó parte de su “existir” y del que se considera parte.
Para los que frecuentamos a Luis, la novela ha permitido conocer la fuente de inspiración de muchos de los personajes que aparecen en obras anteriores. Escrito con saltos imprevistos en el tiempo y en lugares sin orden pero con una mimada ubicación. Llama la atención sus referencias al descubrimiento de las letras por un niño en un mundo donde no había libros ni se sabía leer.
Confieso que al principio me desilusionó porque le encontré muchos parecidos con una novela de Perozo titulada “Rosas para Gabriela”, pero tras pocas páginas valoré la posibilidad de aprovechar la oportunidad de sentirme nuevamente identificada con “cosas” del pasado que me suenan de haberlas vivido, y más si las contaba el “Landero” como si de una diapositiva de la vida de las gentes se tratara.
Os recomiendo su lectura sin urgencias, no la necesita, en una tarde ante una buena infusión y en un tranquilo rincón os asomaréis al balcón de la vida de este escritor que bien podíamos ser “cualquiera de nosotros”.

“En cada frase en cada instante, en cada suspiro, en cada pequeño acontecer, lo trivial y lo misterioso van a partes iguales. Eso es todo y no hay más que contar. Un grano de alegría, un mar de olvido”.

lunes, 8 de septiembre de 2014

El jardín de Dachau, Ellen Marie Wiseman

Hay momentos en los que sin querer, todo lo que encuentras como novedades literarias giran entorno a un tema que agotan hasta la saciedad y por más que busques, nada de nada, todos acaban abordando una temática de la que huyes y que irremediablemente te acaba atrapando. La parte positiva es que a pesar del tema “estrella” las formas de tratarlo y los argumentos que pueden generarse alrededor del mismo, suelen ser diferentes y originales por lo que en definitiva terminas dando por buena la elección de una obra que en sus primeros momentos condenamos sin razones a la hoguera de los “libros rechazados”.
Ese fue el caso de la novela de Ellen Marie Wieseman, aunque la palabra jardín y Dachau fueran bastante difíciles de congeniar, ella, partiendo de sus raíces familiares y bajo la inspiración de las experiencias de su madre, crea una novela donde los horrores de los campos de concentración pasan a un segundo plano, empañados por el desarrollo de una auténtica historia de amor en el más duro de los escenarios de la vida de sus protagonistas.
No puedo escribir la reseña sin detenerme en la portada; una alambrada divide la ilustración, un brazo con una numeración y un nombre que integra la lista de los lugares más terroríficos de la historia de la humanidad; creo que de no haber puesto el título se podría imaginar. Eso es lo que me hizo echarla hacia un lado y tenerla castigada un tiempo en “la lista de pendientes”, pero en el fondo me parecía de una belleza y elegancia como pocas he visto.
Imagino que estaréis pensando que toda la narración se pasea por esos escenarios dantescos, pues no, por una vez es gratificante identificar marcos diferentes a lo largo de la trama, eso le proporciona agilidad y belleza a la historia entre Christie e Isaac y garantiza no abandonar de un golpe el libro.
Con un argumento sencillo la autora narra la relación amorosa entre dos adolescentes que tienen que hacer frente a todas las adversidades fruto de binomios sociales, familiares, raciales, religiosos y políticos que marcaron una etapa de la Historia de Europa. Ese punto de partida engancha porque es la primera vez que leo un relato donde se deja ver el sentimiento del pueblo alemán que no vestía de uniforme, que no mandaba, que sufría hambre y que padeció una guerra en sus propias familias, en sus casas, en sus vidas y de las que poco hemos sabido o por las que menos nos hemos interesado.
Hablar de víctimas de la violencia nazi es hablar de genocidio judío, de campos de concentración, de cámaras de gas, de exterminio y muerte; pero Ellen Marie nos muestra la pobreza, la miseria, los reclutamientos forzados, asesinatos indiscriminados, expolio, robos, violaciones y otras desgracias a las que no fueron ajenas los alemanes y que sufrieron en nombre de uno de los personajes más impactantes del siglo XX, Adolf Hitler.
Por las pupilas de Christie conocemos todo esto y más, pero aún en los momentos de máxima crueldad, la autora dosifica el drama y canaliza el dolor desviando la atención hacia los valores reflejados en su novela: amistad, valentía, superación y esperanza en un futuro que pusiera fin a tanto horror.
Dividida en treinta y ocho capítulos de extensión moderada que facilita la lectura rápida, escrita con un ritmo muy bien marcado ayudándose de diálogos continuos que hacen avanzar progresivamente la obra hacia el desenlace final, destacando una dificultad que es la profusión de términos alemanes que dificulta en toda la obra la comprensión de ciertos localismos y que sin querer te hacen perder el hilo de lo narrado.
No me va a mi mucho el género romántico pero la mezcla con el tema histórico y la excelente ambientación de los hechos me hacen reconocer que he disfrutado bastante, porque de vez en cuando hay que ponerse “tierna” y asumir que en aquellas miles de historias de dolor debieron existir amores imposibles, sonrisas cómplices y guiños a hurtadillas que aportaron oxígeno a tan asfixiante destino.
Quiero sacar mi vena de profe de Historia y recordar que las sanciones dictadas hacia la vencida Alemania de la Primera Guerra Mundial, fueron las grandes responsables del resentimiento de un pueblo castigado y desmilitarizado, arruinado y señalado como único causante del conflicto. La pregunta sería ¿cómo se sintieron los alemanes con una condena como esta?. Jamás asumieron las imposiciones internacionales y arrastrar el sentimiento colectivo de culpabilidad provocó que afloraran en ellos odios y rencores imposibles de controlar y menos tras la aparición de fuerzas y lideres como los que parió décadas después la Gran Alemania Hitleriana.
Bonito acto de reflexión al que invita la escritora y original visión del trillado tema mundial.

“Combatirse a si mismo es la guerra más difícil; vencerse a sí mismo es la victoria más bella”.

miércoles, 27 de agosto de 2014

La analfabeta que era un genio en los números, Jonas Jonasson

Al final he acabado llamando “la analfabeta” cuando realmente el gran mérito de la protagonista es el de saber leer en una parte del planeta donde se tiene como dogma la ecuación de “Negro=analfabeto”. Segunda novela del autor Jonas Jonasson que cae en mis manos; al igual que en “el abuelo que saltó por la ventana y se escapó” la elegí por lo disparatado del título y a diferencia de esta, no me ha resultado tan especial como la primera.
Brevemente su argumento se resume en una historia se inicia en los años setenta en Soweto, el famoso gueto de Johannesburgo, con el apartheid en todo su apogeo. La protagonista se llama Nombeko, una niña que trabaja en las letrinas y a la que su afán de conocimiento la lleva a aprender a leer Comienza así una vida repleta de increíbles aventuras que la llevarán muy lejos del lugar que nació.
Lo que parece ser una trama sencilla se convierte en una novela curiosa que sigue el esquema literario de este autor, con muchos puntos en común con “el abuelo” pero sin duda no tan impactante. Con solo doce años, el infortunio y la calamidad forma parte de la vida de esta niña prodigio de los números, tocada por el ansia de superación de un destino con el que no se conforma y al que no se resigna. El autor con un derroche de imaginación y bajo los recursos del humor y la ironía, construye una narración surrealista, original, trepidante y plagada de critica.
Podría considerarse novela histórica por el marco elegido por Jonas para contar las vivencias de Nobemko; los años setenta absorbieron acontecimientos de gran calado humano entre los que destaca el movimiento de “Apartheid”, en lo que yo siempre suelo llamar, “los espacios del planeta olvidados de Dios”. Sudáfrica no es el mejor lugar para nacer, el hecho del color de la piel sólo puedo empeorarse con el de ser mujer y si para colmo estás huérfana, poco más te puede pasar para sentenciar tu destino. A todo esto se enfrenta nuestra protagonista, a esto y al devenir de su vida a través de una autopista repleta de situaciones disparatadas junto a personajes que van desde el impostor físico, los gemelos que se suplantan, la activista histérica, un trío de china o los agentes del Mossad, sin olvidar al obsesionado que pretende acabar con la vida de un rey.
Dos escenarios en extremos geográficos y emocionales dan vida al viaje de nuestra heroína; de “Sudáfrica a Suecia”, con un origen y un destino, los recorre nuestra lista, independiente y autodidacta mujer; siempre con la compañía de personajes que entran y salen a lo largo de décadas y de los que aprende hasta formar el carácter que la lleva de aquellas letrinas de su niñez al codeo con la realeza sueca.
Veo una intencionalidad del autor para que reflexionemos en cuestiones políticas, sociales y medioambientales; nos invita a que no nos mostremos indiferentes ante las cuestiones raciales o la polémica carrera nuclear y que tengamos una opinión de las ambiciones políticas que mueven el mundo en una sociedad de altos niveles de hipocresía y maldad. En esta ocasión la novela sin apartarse del estilo de Jonasson es más mordaz en las cuestiones de las relaciones internacionales.
Me gusta más la primera parte y he de confesar que al final me ha costado terminarla por el exceso de situaciones ridículas y caricaturesca que ya no me sorprendían. Es cierto que los personajes están bien conseguido, que cada uno de ellos es a cual más original, que la actualidad recae sobre “el cruzado” que pretende acabar con la monarquía en Suecia en favor de una república y que nadie cuestiona el trasfondo de superación que adorna toda la novela; pero se alarga innecesariamente y al final se disfruta y poco más. Sin duda estoy bajo el efecto de la comparación con “el abuelo” y tal vez me falte objetividad.
Aún así vale la pena leerla y dedicar unas tardes a un estilo de narración que sólo un sueco con la mente helada puede llegar a imaginar.

“La diferencia entre la estupidez y la genialidad es que la segunda tiene los límites muy bien marcados y la primera es tan infinita como la ignorancia y el atrevimiento juntos”.

viernes, 22 de agosto de 2014

Nos vemos allá arriba, Pierre Lemaitre

Estaba ansiosa por comenzar diciendo: !!!Me ha encantado!!!, vaya y por fin llegó el momento. Sin duda es de las novelas que más me han gustado de las elegidas para este verano, puedo decir sin lugar a duda que es una “historia muy bien contada”, no cuestiono lo acertado de su premio, porque yo de eso no entiendo y a veces los galardones literarios resultan ser estrategias de las editoriales para vender y no para ofrecer literatura de calidad, en esta ocasión han dado en la diana y personalmente he disfrutado mucho con él.
En lo poco que tuve la oportunidad de pasear en la primavera, casi siempre me detenía en las librerías y posaba mis ojos en el soldado medio aviador sin afeitar que me recordaba a los combatientes de las guerras mundiales; desconocía a cual de ellas correspondía, pero la escasa belleza de la portada también puede despertar mi curiosidad, de manera que en uno de esos rastreos visuales acristalados, me decidí a entrar y leer la sinopsis para aplacar el instinto de “acierto” que me empujaba a darle una oportunidad al “soldado desconocido”.
Esa y no otra fue la situación previa que rodeó mi relación con, no uno sino tres soldados con nombres propios que son los grandes protagonistas de la novela de Pierre Lemaitre, “Nos vemos allá arriba”.
Con motivo del primer centenario del comienzo de la primera gran conflagración bélica mundial, los escritores se han lanzado posesamente a escribir acerca de este desafortunado episodio de la historia de la humanidad, y era difícil esquivarlos y que al final no sucumbiera en alguno que otro; menos mal que “donde puse el ojo, puse la bala”, sobra pues decir que el escenario se sitúa en la última batalla absurda e injustificada de este episodio histórico que podría haberse evitado, porque la guerra ya “estaba herida de muerte”, en ese lance con pretensiones heroicas tiene lugar el inicio del argumento de la novela, muy sencillo por cierto, con un número escaso de protagonistas que tejen una trama a medida que sufren sus experiencias, construyendo una narración clásica con enormes dosis de ironía, humor negro, intriga, angustia y crueldad; todo, con un ritmo genial en el que cada episodio cargado de intensidad deparaba hacia otro aún más emotivo, generando con ello una solidez del relato brutal. No hay nada que deje suelto el autor, todo está perfectamente encajado y cerrado, desde el comienzo hasta su final sorprendente y de gran coherencia, sin fallar a la trayectoria de la narración.
Con frecuencia he oído decir que los amigos que se hacían en la “mili” eran difíciles de olvidar por las circunstancias de desarraigo y obligación en las que se fraguaba esa amistad, quiero hacerme una idea de lo que sería eso en momentos de guerra, con el miedo y la soledad, con la cobardía y la ignorante valentía, con la ceguera y la insolencia de quienes daban las órdenes y la inocencia y sumisión de quienes las obedecían. Mi imaginación me ha ayudado a entender y empatizar con la pareja de Albert y Edourad, los excombatientes “mal parados” de aquella "batallita" que sirvió para la gloria de Pradelle, el “tercero en discordia” y la cara negra de la moneda; aunque no son los únicos, si son imprescindibles en la historia, son la columna vertebral de la misma, y gracias a ellos, el autor consigue una novela de aventuras, detectivesca, thriller psicológico, cargada de critica social, alegato antibélico, humor negro, fuertes alusiones a hechos de rabiosa actualidad como la corrupción y las estafas institucionalizadas; y es que hay rasgos de “humanidad” que los siglos refuerzan con el beneplácito de quienes saben sacar provecho de las desdicha y sufrimiento ajeno.
Con cuatrocientas cincuenta páginas, no le quito ninguna por el ritmo que presenta y que facilita enganchar con el devenir de los “actores” que intervienen dando pases de drama y de humor difícil de congeniar; y es que los binomios están presentes en la historia, “guerra-postguerra”, “fracaso-éxito”, “dicha-desdicha”, “riqueza-pobreza”... en el momento en el que se lea la novela lo entenderéis perfectamente. Es fácil posicionarse y sentir algo que yo me he preguntado muchas veces, ¿Qué pasa con los excombatientes cuando la guerra termina? ¿Cómo se les integra en la sociedad que dejaron antes del conflicto? ¿Qué reconocimiento obtienen? ¿Son víctimas del olvido?...
Pierre Lemaitre, aborda estas cuestiones a modo de critica mordaz a la guerra y todas sus consecuencias en el marco de “la paz”, una sociedad de héroes “caídos del cielo” y antihéroes que pasan “sin pena ni gloria”, esperando un momento que sólo encontrarán “allá arriba”.
Recomiendo su lectura porque para mi ha sido una historia de amistad en grado superlativo, tras una deuda contraída en momentos cruciales de la vida de dos hombres, que supieron protegerse el uno al otro, enfrentándose a un mundo de desprecio y sabiendo sacar partido de los instintos más miserables del ser humano. Dedicado especialmente a los amantes de la novela histórica mezclada con el suspense y la ironía social.
Por esta vez no doy detalles estilísticos de la narración, aunque no hubieran sido perfectos, está muy bien contada y me ha recordado a la película de Forest Gump y especialmente a los personajes y las relaciones que nacen entre ellos tras la vuelta de otras de las grandes guerras de la humanidad; no hay que olvidar que los hombres han tenido la fea costumbre de coleccionar guerras, de manera que la literatura tiene reservas para rato...

“Inteligente es aquel que sabe donde quiere ir y más inteligente es aquel que sabe donde no tiene que volver”.

viernes, 15 de agosto de 2014

El cielo en un infierno cabe, Cristina López Barrios

Muchas veces las portadas de los libros llaman poderosamente mi atención por su colorido, originalidad o por evocar imágenes y personajes que forman parte de mi bagaje sensorial. En esta ocasión me acordé de la pintora mejicana Frida Kalo,de los aires caribeños, del color de los pájaros y de esos rostros de viudas cubanas de buena posición; ni que decir que la sinopsis del libro nada tiene que ver con la atrevida y alegre presentación del mismo y si me apuro, el título tampoco.
Al final la decisión de leerlo se basó en la garantía que me ofrecía su autora de la que ya había leído un libro maravilloso y difícil de olvidar, “La casa de los amores imposibles”, lástima que en esta ocasión ni la portada ni la escritora hallan podido salvar la historia que nos cuenta, y mucho menos,lo desacertada que he estado una vez más.
Cristina López Barrio cuenta una historia ambientada en dos ciudades históricas como son Madrid y Toledo durante el siglo XVII, eso es tanto como predecir que la figura de la Santa Inquisición aparecerá tarde o temprano, por no asegurar que asumirá el papel protagonista. Es un siglo con el que novelísticamente no me llevo bien por la presencia aterradora, de todo lo que aconteció alrededor de ese tribunal inhumano y despiadado que actuó sin “temblores” con miles de desgraciados, condenados sin razón alguna. Quién iba a pensar, que una imagen sensual y colorista respondería en sus páginas a una historia de juicios, magia, herejía, sectas, hermandades secretas, brujas y ajusticiamientos.
Me cuesta cada vez más hacer una critica negativa de un libro que acabo leyendo y que por respeto o curiosidad no dejo inacabado, pero es que debo ceñirme a la impresión de lo que su lectura me ha provocado y siento decir que ha estado muy alejada de su anterior novela con la que disfruté desde el principio hasta el fin.
Podía contar el argumento para daros pistas sobre el tema central de la narración, como no es habitual en mi, abriré un amplio abanico de posibilidades diciendo que no he sido capaz de desvelar si se trata de una trágica historia de amor, si es una novela apología del fervor religioso, si por el contrario es la biografía de una mujer con poderes para curar, “tipo Jesucristo”, o más bien toda una cofradía de sanadores, cuya cantera se encontraban en orfanatos y hospicios controlados por hermandades secretas, tampoco descarto una intencionalidad de relato fantástico mezclado con dosis de romanticismo, pasión, orgullo y pecados de condena infernal... sinceramente me ha parecido un “totum revolutum”, donde el atrevimiento de Cristina ha llegado a utilizar el realismo mágico propio de la literatura latinoamericana un marco cronológico en el que desentona y chirría estrepitosamente.
Siguiendo la línea escogida durante este verano, la obra tiene más de seiscientas páginas de una densidad acusada en especial a partir de la mitad del libro, he echado de menos la garra literaria que he conocido en esta autora, en “El cielo en un infierno cabe”, las descripciones llegan a convertirse en largas explicaciones y torbellino de metáforas imposibles de entender; sin quererlo alarga la novela innecesariamente hasta convertirla en tediosa por la falta de acción.
Lo que más me ha desencantado es la ausencia de habilidad para empatizar con los personajes algo que en muchas ocasiones salva una novela de ser “quemada en la hoguera” que es más o menos lo que yo estoy haciendo en esta reseña.
Me quedo con la historia de amor infantil entre Bárbara y Diego por la ternura con la que está narrada y acabo avisando de que la última gran incógnita es el final que me ha sumido en una confusión digna de tan decepcionante lectura.

“La codicia de los hombres es como un velo que cae irremediablemente sobre sus conciencias”.

domingo, 10 de agosto de 2014

El haiku de las palabras perdidas, Andrés Pascual

He de confesar que soy una admiradora de todo lo relacionado con la cultura milenaria y ancestral del país del “Sol Naciente”. Es uno de mis grandes sueños poder viajar a esa isla alargada y original que constituye el paradigma del sudeste asiático. Ante la dificultad de cumplir semejante sueños por diferentes y variadas razones, voy conformándome con la lectura de libros que me permiten aproximarme a una de las civilizaciones más admirables del planeta.
Tras leer al peculiar escritor Murakami, del que he aprendido bastante con sus “extraños” cuentos, en esta ocasión he descubierto de la mano de Andrés Pascual, una historia de sentimientos gracias a un poema japonés que recibe el nombre de “Haiku”,composición de diecisiete sílabas, muy breve en el que destaca la admiración por la naturaleza de aquel que la escribe y la contempla; por supuesto es un género poético de la literatura japonesa y sinceramente nunca había oído hablar de él.
Partiendo del haiku y otorgándole un protagonismo a la altura del resto de los personajes; el autor narra una historia que abarca la nada despreciable cifra de setenta años. Dicho espacio de tiempo ofrece cobertura a dos historias paralelas, distantes en el tiempo y con diferente impacto en la obra.
Japón, tuvo que hacer frente a uno de los episodios más crueles de su historia, el nueve de agosto de mil novecientos cuarenta y cinco, las ciudades de Hiroshima y Nagashaki sufrieron el impacto de las bombas atómicas por parte del ejército americano y dentro del trasfondo bélico que marcaba los últimos momentos de la Segunda Guerra Mundial. En ese escenario y ajenos a toda maldad, dos adolescentes ven perturbada una cita de enamorados para leer un “haiku” que sellaría su amor eterno. Nunca se llegó al esperado encuentro y sus vidas quedarían marcadas para siempre.
Trasladados al año dos mil diez, el panorama es muy diferente, el mundo se mueve alrededor de la energía atómica manejado por sus defensores con intereses desmedidos y enfrentados a sus detractores con criticas a las centrales nucleares y los peligros que están ocasionan al margen del desarrollo de las civilizaciones.
En estos dos escenarios, dos parejas, dos historias, dos destinos y un único motor de la trama; el poema, que permite desarrollar un argumento en el que la intencionalidad básica es proporcionarnos instrumentos emocionales, para superar las desgracias y los avatares que irremediablemente han de integrarse en nuestras vidas.
Prosa muy sencilla en la que se recrea las costumbres, ritos, valores y espiritualidad del pueblo nipón, es sin duda una elegante manera de introducirnos en la cultura oriental.
Narrada en tercera persona, de ritmo ágil, dividida en capítulos alternos que nos llevan del pasado al presente, marcando la historia antigua una diferencia de potencial narrativo con respecto a la época actual. No es cargante en las descripciones y evita generosamente los detalles morbosos entorno a los desastres de aquella terrible decisión de la humanidad.
Sin duda dos temas presiden lo que parece un sencillo libro apto para todos los públicos; el debate nuclear y la capacidad de los japoneses para renacer de sus cenizas tantas veces como el destino lo exija.
No quiero que se me olvide la alusión a un precioso cuento de la literatura japonesa, “Las grullas de papel”, son esas historias que sólo pueden inventar los orientales y que no dejan de asombrarnos por su dulzura y originalidad.
Destacar que el final es sorprendente e inesperado, bastante ajustado a la realidad y eso en el fondo aunque resulte cruel, se agradece. Curiosamente fue escrito antes de la última catástrofe nuclear vivida en Japón, al parecer Andrés se adelantó a lo inevitable y con el tiempo se ha demostrado que con “haikus” o sin ellos los nipones son un ejemplo de superación, ante los que plegamos rodillas y admitimos que son “dignos de admirar”.

“Si quieres saber lo que serás en el futuro, mira a ver lo que estás haciendo en tú presente”.

martes, 5 de agosto de 2014

La sonata del silencio, Paloma Sánchez Garnica.

Tras leer la novela de “Las tres heridas”, valorar o hacer una buena critica de esta obra se me hace bastante difícil; las comparaciones nunca han sido de mi agrado pero en esta ocasión es casi inevitable. Para ser justa tengo la sensación de que la mejor campaña de promoción de “La sonata del silencio” ha sido su antecesora y que buscando algo igual de especial o al menos aproximado, sin querer hemos sufrido una “sonora” decepción.
Madrid 1946, la cruel posguerra aparece como escenario de un relato en el que la música adquiere un protagonismo de excepción. Un barrio, un vecindario y el día a día de un bloque de inquilinos de lo más variopinto y representativo de la época, todos perfectamente descritos, cada uno formando parte de pequeñas historias vinculadas entre sí, en universos personales y únicos, encerrados en hogares con tramas familiares y humanas producto de acontecimientos de un pasado que ha dejado una huella imborrable.
Básicamente el argumento gira alrededor de la figura de Marta Ribas y los dos hombres que forman parte de su vida presente y pasada, los mismos que conforman un triángulo de emociones y experiencias que determinan la mayor parte del contenido de la novela. Pasiones ocultas, celos, engaños, secretos, frustraciones, amores prohibidos y grandes dosis de miserias humanas, son recreadas por la autora en un exceso de descripciones que en muchos momentos hizo plantearme el abandono de su lectura.
Por supuesto la labor de documentación es incuestionable, pero no aporta nada que no sepamos acerca de los estereotipos que aparecen en la narración, ni en los perfiles ni en las conducta de los protagonistas de esta novela coral, en la que la profusión de los mismos se convierte en un ejercicio memorístico titánico.
Si me detengo en la extensión, mientras que en ocasiones anteriores la escritora ha estado acertada en el volumen de sus obras, en esta las casi novecientas páginas no se justifican para “lo poco” que se cuenta. Dividida en capítulos, treinta en total a cual de ellos más largos, ayudan en cierto modo a dar una oportunidad al relato. Mientras la leía me era imposible no encontrar semejanzas con la telenovela “Amar en tiempos revueltos”; estaba asistiendo al desarrollo de capítulos y capítulos en los que saltarte algunos no iba a convertirse en un impedimento para seguir el hilo de la novela.
Retrato de una España de doble moral, con clichés que aún viven entre nosotros, con especial dedicación a exponer el papel de la mujer en momentos pasados y que en ocasiones están demasiado al día; todo en un lenguaje muy sencillo, ágil, coloquial y familiar.
Esperaba algo diferente, el machismo, la dictadura, la represión, la iglesia y esos aspectos tan repetidos acaban por decepcionar y tristemente es el caso de “La sonata del silencio”. Me gustaría decir que al menos el desenlace ha sido original pero no puedo, mucho antes de ser evidente, el final se intuye y para colmo se acierta. Tiene un enorme parecido con “El tiempo entre costura” y respecto a ese final, me recordó enormemente a la extraordinaria película de “Pájaros de papel”.
Aún así, es sólo mi percepción y siempre invito a su lectura para poder tener una opinión personal de la misma, porque “para gustos, los colores”.

“Cada quien elige los labios que quiere besar, los ojos que quiere mirar, el corazón que quiere amar y la persona a la que quiere alegrar”.