lunes, 1 de diciembre de 2014

El lector, Bernhard Schlink

En ocasiones al terminar un libro y plantearme el comienzo de otro, me acerco a las estanterías de mi modesta biblioteca y sigo con la mirada los ejemplares que ya han pasado por mis manos; casi siempre hago un ejercicio de memoria acerca del momento en el que los leí y me llevan a ciertas asociaciones en el tiempo y en el espacio. Como ya vamos teniendo una edad, sucede que a veces solamente recuerdas que te gustó y flojea ligeramente el impacto literario de un libro con el que sin lugar a dudas disfruté; eso me ocurrió con “El lector”, no soy yo muy dada a releer porque siempre digo que necesitaría dos vidas para consumir las lecturas que tengo pendientes, pero tenía ciertas lagunas sobre esta intensa novela, las suficientes como para decidir otorgarme la excepción de abrirla y recordar por qué me pareció buena.
Tras leerla, puse en pie que iba conmigo en el bolso acompañándome en los ratitos de visitas médicas, también que la leí con urgencias sin perderme detalles, que me gustó por la temática y los valores que contenía, por la potencia de sus personajes y por el anzuelo que muerdes ante los planteamientos morales que desarrolla el autor y la propia historia y ante los que te rindes asumiendo que de esos, nadie se libra...
De manera excepcional os voy a contar la sinopsis de la novela del alemán Bernhard Schlink, jurista que se atrevió con esta historia narrada en tres partes muy bien definidas y que contó con la aceptación y el rechazo de toda la comunidad literaria a nivel internacional. Un adolescente conoce a una mujer madura con la que inicia una relación amorosa. Antes de acostarse juntos, ella siempre le pide que le lea fragmentos de Goethe, hasta que un día sin explicaciones ella desaparece. Tras años y siendo estudiante de derecho, el joven acude a un juicio de cinco mujeres acusadas de crímenes nazis y descubre que una de ellas es su antigua amante.
Dos personajes absorben la totalidad de la trama argumental, Michael y Hanna; ambos son exponentes de mundos muy diferentes, los mismos que hacen posible que el autor nos invite a debatirnos en planteamientos morales que van desde la dignidad, la culpa, el amor, lo correcto, la libertad, la felicidad, la injusticia y el perdón.
Recuerdo que lo que más me llamó la atención de la novela es la capacidad autodidacta que tiene Hanna para aprender a leer, siempre que hago referencia a esta obra resalto ese detalle que para mi es admirable. Su analfabetismo era tan deshonroso que prefirió declararse culpable de las acusaciones en el juicio, antes que evidenciar esa falta.
Es de lectura rápida, con diálogos muy cortos y concisos, engancha y la estructura es muy asequible; aunque el tema de fondo son los crimenes de guerra nazis no hay recreo morboso en estos acontecimientos, de ahí que no se huya de su lectura. El final, en mi segunda lectura me ha gustado mucho, es adecuado, claro y previsible para la intensidad de la historia.
No os decepcionará.

“De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo...Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Demonios familiares, Ana María Matute

El título de la novela póstuma de Ana María Matute, me permiten expresar que en todas las familias hay verdaderos demonios que te amargan la existencia desde mucho antes de saber que existen,los presientes porque se hacen notar,porque van de un lado para otro ennegreciendo los caminos que recorren, dejando una huella difícil de borrar,agresiva y despiadada. Personalmente cuento con una reducida lista de “demonios familiares” propios y adoptados que en su momento consiguieron “nublar” mi universo pero que con maña y sabiduría he sabido esquivar y arrinconar en el desván de mis recuerdos, al que nunca subo para no bajar cargada de sombras que tapen la luz que necesito para iluminar mi vida.
Tras esta desahogada introducción os cuento que Ana María no tuvo la oportunidad de acabar esta obra, la muerte, el peor de los “demonios”, le arrebató esa oportunidad; es por ello que lo más original de la misma es su final completamente abierto y libre para que cada lector se atreva a rematar lo que el destino no permitió a su autora.
Ajustada a la narrativa de esta escritora, la novela es el relato de un repertorio de amores fraternales al amparo de un marco histórico pre-bélico en la España inmediata a la Guerra Civil. No es la típica narración de buenos y malos, la guerra no es la protagonista, lo importante es el entramado de sentimientos que deambulan por la casa familiar de Eva, la casa de su padre, de su hermano de su niñera y en especial la atmósfera en la que se respiran silencios pasados y presentes; esos que contribuyen a consolidar dramas insuperables, traiciones, rencores sin curas, comunicación muda, aislamientos eternos...
Dividida en dos partes que nos vienen dadas gracias al antes y el después de un secreto y su revelación. Personajes sencillos, con descripciones limpias, estáticos, con papeles definidos en el inicio de la obra y carentes de evolución por la repentina marcha de la autora. De entre todos destaca la pequeña Eva que tras su regreso del convento se enfrenta al hogar lleno de secretos, soledades de hormigón y estallidos de amor imprevisibles de la mano de la trama de este corto pero sincero relato con todos los ingredientes y simbolismos que siempre definieron a la “Matute”.
Se ha considerado un homenaje a la autora y desde mi ojo de lectora solo puedo decir que le daba vueltas al libro buscando las páginas que pensé que le faltaban, porque no podía creerme que estuviera ante el final de lo que para mi era casi el principio o como mucho el centro de una buena novela. No me he atrevido a imaginar un cierre, esos son privilegios que solamente se les otorga a los que saben deleitarnos con su buen hacer en las letras.
No todo tiene que ser perfecto, en esta ocasión lo abierto prevalece sobre lo cerrado; “una vez no son veces”.

“No me salen bien las cuentas de la vida, o me sobran noches o me faltan días; todos los minutos que no he estado contigo son demonios que ahora viven conmigo”.

domingo, 9 de noviembre de 2014

La mujer que vivió un año en la cama, Sue Townsed

Descabellado título y atrevido desafío para quien de verdad aspire a estar nada más y nada menos que un año en la cama; bien es cierto que yo conozco verdaderos amantes de este mueble que sin dudarlo estarían ese tiempo y más, aunque no con la solemnidad y radicalismo en el que se posiciona nuestra protagonista.
Siendo fiel a mi costumbre no desvelo el argumento aunque en esta ocasión es fácil adivinar las razones por las que un ama de casa responsable, fiel esposa, madre incondicional e hija abnegada puede llegar a tomar una decisión tan drástica para su salud mental y física. Que nadie se engañe, la novela no es un despliegue de carcajadas porque esto no puede ser gracioso, en todo caso absurdo, esperpéntico y surrealista, pero no por ello injustificado. Gracias a esto ya estoy etiquetando la obra de Sue Townsend como un intento de sátira social y familiar que invita a reflexionar sobre la más pura y cotidiana realidad que comparten la inmensa mayoría de las mujeres que generacionalmente “todas conocemos”.
Eva, como si lo hubiera planeado decide un día puntual de su vida subirse a su cama con el firme propósito de no bajarse, no por estar enferma, no con objetivos concretos, pero segura de que se mantendrá fiel a semejante y disparatada decisión. Su mundo y el de aquellos que le rodean cambia y su papel de “responsable de” se cambia por el de “ahora soy vuestra responsabilidad”..., las reflexiones están servidas en bandeja; a ellas nos conduce la autora con un humor inteligente sin querer ser graciosa en ningún momento, lo que provoca un sentimiento “agridulce” de casi todo lo que narra la experiencia grotesca, de una mujer que convierte la más pura realidad en algo estrambótico y disparatado.
Se establece unos niveles de empatía desproporcionados y al menos yo reconozco que se me ha pasado por la cabeza más de una vez hacer algo parecido; el problema es que la cama y yo somos grandes enemigas y lo que podía ser una “isla” donde refugiarme y aislarme de cuanto me rodea, se convierte en una “península” llena de intrusos que se empeñan en seguirme allí donde me muevo y claro dar vueltas en tan reducido espacio acaba por pasarte factura, especialmente cuando dices a salir de ese artilugio donde los mortales deben estar al menos ocho horas dormidos para poder ser “personas sensatas despiertas”.
Mi humilde lectura entre líneas me llevan a reconocer que la protagonista opta por una alternativa inusual en pos de superar la infelicidad,las decepciones, el conformismo, las frustraciones y el desamor al que se enfrenta tras un balance negativo para ella a lo largo de casi toda su vida. Una forma como otra cualquiera de “parar motores”, de convertirse en el centro de aquellos que le rodean, incluso la autora la convierte en una especie de guía espiritual a la que acuden los “desorientados” para buscar el “norte” perdido.
Es duro no disfrutar de un mínimo de reconocimiento a la vida cotidiana de las mujeres y hombres que están “siempre ahí”, incondicionalmente y que pasan de “puntillas”, ligeros como plumas y casi de forma invisible, día tras día. Es la autopsia de un retrato familiar del que cualquiera podíamos formar parte.
Respecto a la novela quiero decir que no es “para tirar cohetes” pero es entretenida, aguda, fácil de leer, con ausencias de descripciones que tanto suelen molestar, diálogos amenos y una sucesión de hechos que la hacen llevadera... tal vez en algunos momentos se echa de menos un ritmo más precipitado, pero en general entretiene y arranca alguna que otra sonrisa.
Sería bueno prepararse para leerla sin los motivos que nos sobran a muchas para crear universos privados diferentes a las camas, porque de no ser así, todo es previsible y carece de factor sorpresa; vamos que lo podríamos contar nosotras en lo que ocupa una receta de cocina.
Para terminar aviso que el final no es disparatado como podría ser lógico a una decisión de este calibre, todo lo contrario... pero a mi me ha gustado porque una actitud que en su más profunda crudeza es “autodestructiva” sólo corresponde un cierre lleno de realidad como el que le da la escritora y con la que comparto al cien por cien; lo malo es que el “príncipe azul” aparece para recibir los aplausos de una hazaña que no es merecidamente suya...
Por experiencia y en un acto de confesión en familia, os recomiendo que no lo hagáis, no se soluciona nada, cuando bajas de la cama tu realidad te está esperando, vuelve a atraparte, no ha cambiado y sin embargo el desafío impulsivo te ha hecho pagar un peaje con ticke perdido, lo que te sale doblemente caro, de manera que “a pequeños y corrientes problemas, mejor soluciones no muy grandes y arriesgadas”.

“La vida es siempre una cuerda floja o una cama de plumas. Dame la cuerda floja.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Pacto de lealtad, Gonzalo Giner

Esta es una de las ocasiones en las que reconozco que es un acierto contar con el libro electrónico que tanto me costó aceptar en mi vida...
He tenido este libro descargado desde hace muchos meses y no me acababa de convencer, pero es cierto que me detenía en su portada y leía una y otra vez la sinopsis con la finalidad de encontrar un motivo al rechazo o detectar un cambio de actitud bastante injustificada. Al final he comenzado y terminado su lectura, gracias a el hecho accidental de caer en mis manos un día que “brujuleaba” por los pasillos de la biblioteca y aprovechando la oportunidad de tenerlo en este soporte maravilloso se vino conmigo sin pensarlo dos veces y tras unos días en casa, regresó a la misma velocidad con la que había llegado. Como si de un “Pacto personal” se tratar, me propuse leerlo y así ha sido, pero no estaba muy desacertada en la falta de interés hacia él, de manera que con esfuerzos y la ayuda del “electrónico” he cerrado uno de los desafíos más “cansinos” de las últimas semanas.
No he leído nada de Gonzalo Giner, el tema animal no es mi fuerte, pero al estar ambientada en marcos históricos sembró la curiosidad y decidí darle una opción para saber si me equivocaba o no; francamente no he perdido el tiempo, pero esperaba mucho más.
Mientras la leía me han venido a la cabeza montones de novelas de espionaje, aventuras, amoríos y hasta argumentos de alguna telenovela y es que son numerosos los guiños que tiene la narración a todos estos géneros.
De trama muy simple, con personajes que ya conocemos, con un argumento prebélico muy determinado, por un lado, los albores de la Segunda Guerra Mundial y por otro, las vísperas de la Guerra Civil Española. Con todo este “arsenal” tendría que ser muy cruel para decir que es ñoña, simplona y algo insulsa... merece la pena leer las seiscientas cuarenta páginas, si eres un amante de los perros y quieres saber más acerca de la nobleza de estos animales que sin dudarlo son “leales” a sus amos y a quienes les demuestran amor.
Estructura sin complejidad, lenguaje muy ameno, acción garantizada, personajes de fácil seguimiento y buen grado de empatía, diferentes escenarios dentro y fuera de Europa, ritmos cambiantes que animan a seguir en la “brecha”, hechos relatados cronológicamente que impiden perder el hilo de la historia y acontecimientos que se suceden con finales alternativos entre el drama y la alegría.
Lo que me ha permitido “salvar” la novela es encontrar una historia en la que ni los buenos son tan buenos ni los malos tan malos; y especialmente el no centrarse en nuestro nefasto pasado fratricida. Me ha gustado el arranque en la Revolución de Asturias, la presentación de la familia de Zoe, nuestra heroína, la llegada de “Campeón” su perro heredado, y la justificación de la trama de la novela a través del personaje masculino Luther, que por supuesto además de alemán parece “pluriempleado” ya que hace de todo y siempre muy bien hecho.
Líos de espías dobles, superhombres que tienen a su disposición barcos, aviones, coches y “lo que necesiten”, hermanos que todos desearíamos tener, alemanes malvados, montañas que acogen a evadidos políticos, refugios insospechados, brutales interrogatorios, granjas de adiestramiento, traiciones, peligros, chivatos... ¿se me olvida algo?; pues todo eso y más tienen en “Pacto de lealtad”, de manera que será un problema ubicarla en un género concreto a juzgar por los palos que toca.
Entretenida es, y documentada está, pero demasiadas mezclas para mi gusto que por supuesto no debe ser determinante. Destacar en favor de la novela que he aprendido el papel de los perros en momentos de guerra y en situaciones de salvamento; también sobre los centros de preparación y el papel de la Cruz Roja en ámbitos de conflictos bélicos. Además nos presenta los experimentos realizados por los nazis en el campo de los entrenamientos con objetivos “asesinos” en un intento por recuperar razas de perros extinguidas y las ansias por “producir” a través de mezclas, un arma letal más de las muchas de las que hicieron gala en su paso por la Historia.
Con rasgos de thriller, no quiero despreciar un relato donde aparecen nombres como Himmler, Goëring y otros monstruos del nazismo y porque reconozco la grandeza de Giner al dedicarle un homenaje tan merecido a los “leales” compañeros de los hombres, a todos y cada uno de los “campeones” que hacen las vidas de quienes los disfrutan más “grande”.


“Aquí reposan los restos de una criatura que fue bella sin vanidad, fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad y tuvo todas las virtudes del hombre y ninguno de sus defectos”.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Aurora Boreal, Assa Larsson

Cuando quiero descansar y disfrutar de una lectura sin grandes compromisos, recurro a la novela negra de asesinatos por resolver y detectives femeninos que lo saben todo... Últimamente los escritores suecos se han proliferado como “setas en el bosque”, es fruto de una moda literaria que responde a una inversión segura que garantiza los éxitos de venta en medios cálidos del planeta. Tras el impacto de la trilogía de “Millennium” de Stieg Larsson, no son pocos los autores que en la misma línea han lanzado al mercado, obras muy parecidas en busca de un triunfo igual al del escritor fallecido, en lo mejor de su producción literaria.
Asa Larsson, con quien coincide hasta en apellido es uno de esos casos; “Aurora Boreal” es su primera novela, en ella una abogada que ni siquiera es policía, Rebecka Martinsson, se convierte en la protagonista de todas sus obras, la eficiente mujer que sabe de todo y que será de capaz de resolver hasta el misterio más irresoluble.
Escasamente trescientas páginas son suficientes a Asa para desarrollar un sencillo argumento que comienza con un asesinato en su pueblo natal; este acontecimiento termina con su tranquila y monótona vida, viéndose envuelta en un regreso a su pasado que creía haber dejado atrás. Dicha trama responde al modelo de relato frío sueco que se aprecia en la frialdad de sus personajes y en la incapacidad de empatizar con ellos por lectores de lugares ajenos a esas extremas temperaturas.
Toda la novela descarga su peso sobre el asesinato y sobre el papel otorgado a las mujeres que destaca por encima de los personajes masculinos; de corte clásico a lo más puro “novela negra”,cuenta con todos los ingredientes que identificamos siempre en este género; incestos, violencia, negocios sucios, sectas, rituales, corrupción policial, política de submundo... Es sin duda la lectura de esparcimiento a la que hacia referencia en los comienzos de la reseña.
Para seguir con las similitudes con estos escritores nórdicos, Asa crea una trilogía a modo de saga en la que Rebecka siempre aparece para enderezar los caminos más tortuosos que se mueven a su alrededor, “que peligro ser su amiga” podríamos pensar.
Aunque la trama es bastante lineal y fácil de seguir, no engancha hasta el entusiasmo, se avanza en ciertos momentos con desgano y se nota la falta de garra. Todo se desarrolla en un espacio temporal de siete días, en una comunidad religiosa local, con diálogos cortos y algo incoherentes y con la contrariedad de aportar un listado enorme de personajes de nombre impronunciables; todo ello bajo descripciones paisajísticas muy acertadas, en especial la que realiza del fenómeno boreal, ayudando enormemente a situarte en el ambiente en el que tienen lugar los hechos.
Como anécdota y destacando una nueva similitud con Larsson, deciros que nombra la conocida tienda de IKEA, haciendo un guiño publicitario a la famosa multinacional del mueble.
Os la recomiendo para pasar un par de tarde de entretenimiento metida en un misterio que se mantiene hasta su final y para nada os invito a ver la película, mejor su lectura, aunque como guión de cine creo que estas y otras novelas de Asa serán mejor valoradas que en el campo de las letras.

“La aurora boreal se retuerce como un dragón a través de la noche. Las estrellas y los planetas tienen que rendirse al milagro de la luz resplandeciente que, sin prisa, se abre paso en la bóveda celeste”.

sábado, 11 de octubre de 2014

Mis whastsapp con Mamá, Alban Orsini

Gran desafío el comentario de esta original y entretenida “obra de arte” que sin buscarla llegó a mis manos al igual que han llegado otras muchas “cosas” y de las que no puedo ni quiero renegar.
Nunca se sabe en que momento podrás recibir un whatsapp de algún contacto de los que tenemos en el móvil, tampoco si serán interesantes o por el contrario uno más de los muchos que se mandan, sin sentido y pinchando a todos los que engrosan esa lista de “afectados”; sea como sea, los que verdaderamente se esperan y son bien recibidos a cualquier hora, son los de los hijos; esos seres que ocupan tu tiempo al mil por mil y a los que nunca le vas recriminar que te seleccionen como destinataria, de ese mensaje a modo de invento con nombre cotidiano y divertido de “guasa” de toda la vida.
La portada y el título lo dicen todo, una madre y un hijo se envían frases en un intento de establecer una relación familiar acorde con las nuevas tecnologías. No puedo contar mucho más, invito a todos a su lectura, quedarán sorprendidos de lo sencillo que es leer en papel, las capturas de pantallas de los whatsapp que corren entre el entusiasmo de ella y el desgano del joven, que con mucha voluntad y no poca paciencia responde a la madre “inasequible al desaliento”.
Los datos literarios acerca del autor se encuentran en Internet, gran herramienta de información fruto del progreso y que sin querer, ha dejado en el paro a más de una enciclopedia y diccionario para los que pocas esperanzas quedan de repetir tiempos pasados que para ellos “siempre fueron mejores”. Esa es la razón, por la que no voy a entrar en detalles sobre el francés Alban Orsini, al que le agradezco esta ocurrencia porque me ha proporcionado muchas más satisfacciones de las que él se pueda imaginar.
Quiero dedicárselo a María Dolores, hasta hace poco era una compañera de pelo rizado que pasaba de vez en cuando por la concurrida sala de profesores y que siempre va cargada con un bolso que me gusta tanto o más que la lectura; "dueña" de la biblioteca y metida en todos los “saraos” me ha arrastrado con ella a una de las experiencias más gratificante de los últimos años... por supuesto, es el correo que me ha dejado esta historia que no es ni narración ni relato, pero que ha generado una serie de emociones y una complicidad que espero sacarle todo el provecho que pueda.
Con entusiasmo me propuso su lectura y con “picaresca” me encandiló en algo más que abrir y cerrar un libro... lista la “Mi Dolores”, no tengo que decir que una  es débil y atrevida por naturaleza y que me costó bien poco lanzarme al vacío y disfrutar más que un gato en una matanza; por eso aprovecho esta ventana tecnológica para darle las gracias por esa oportunidad y por las que tengan que venir, estoy “lanzada” pelirroja y a tu entera disposición.
De todas maneras voy a escribir unas breves pinceladas sobre esta sencilla, entrañable y divertida propuesta literaria, que cuenta lo que puede hacer una madre con un “smartphone” si se lo propone y nada se lo impide. El autor, a partir de una experiencia personal, asoma en el mundo de las letras sin más pretensiones que la de poner de manifiesto el alcance de una relación a través de textos tan esqueléticos como son los whatsapp, evidenciando los conflictos generacionales, los valores sociales, las emociones, la privacidad hipotecada, sentimientos encontrados, dependencias materno-filiales... y todo con un "aparato" que se ha convertido en una tercera mano, u apéndice de la mayor parte de la humanidad.
Es de una facilidad que sobran las propuestas para no leerlo y lo mejor de todo, decir que es mucho más de lo que aparenta; en todas y cada una de esas pantallas se va tejiendo una  historia real como la vida misma que sólo se lee “entre líneas”, pero que invita a reflexionar una vez terminada la lectura, por el giro brutal que toma en los “últimos whatsapp” que ambos personajes intercambian.
Me he sentido identificada como muchas de las madres de mi edad, he acosado literalmente a mi hijo para aprender a manejar casi todo lo que va conectado a la luz en mi casa, me ha atendido con una paciencia infinita y me ha esquivado con una destreza digna de un joven dispuesto a poner excusas que ni yo me las creo... pero no puedo reprochárselo, al contrario, estoy agradecida y en deuda con él, porque gracias a sus cada vez más escasos momentos hoy “wasapeo” con mis contactos, con todos menos con él, que dice el muy “espabilado” que lo de los whatsapp no le van mucho... ni más faltaba que me lo creyera.
Ha sido una de las lecturas más cortas e intensas que he leído y me gustaría que el ánimo os llevara a compartir conmigo esta opinión; por supuesto hay gustos para todo, pero no deja indiferente a nadie y el grado de empatía es tan impactante como un whatsapp inoportuno a altas horas de la madrugada, cuando menos te lo esperas y sin poder defenderte. Creo que todos sabemos de que estoy hablando.
Espero que os guste, ya me mandáis un whatsapp y me contáis.

“Solamente dos legados duraderos podemos aspirar a dejar a nuestros hijos: uno, raíces; el otro alas”.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Dientes de leche, Ignacio Martínez de Pisón

Reconozco que no acabo de decidir qué me conmueve más, si la fotografía del niño militarizado con el saludo fascista o recordar lo que suponía que se te cayeran los dientes de leche... Nunca me he disfrazado de “niña militar”, pero no puedo olvidar los planes que hacia cuando notaba que se me movía un diente; la maquinaria mental se ponía en marcha y la imagen de aquello que podías obtener con semejante acontecimiento extra, se parecía más a la realidad que cualquier tarde de merienda de pan y chocolate.
Soy de la generación del “ratoncito Pérez” y junto a tantas otras cosas de mi infancia, lo echo de menos... Ignacio ha recurrido a los dientes de leche y a las fotografías como simbolismo de la evidencia del paso del tiempo, como testigo de lo irreversible de ciertos hechos cotidianos que nos obligan a admitir lo vivido y a aceptar el pasado. Cuando detenemos nuestra mirada en una foto de la niñez nos golpeamos con esa realidad, nos ponemos nostálgicos y pasamos de la emoción a la tristeza sin lógica pero con resignación.
Con esta introducción aprovecho para calificar esta joya de la narrativa española como novela de lo cotidiano, porque son situaciones corrientes las que nos cuenta el autor con una prosa sencilla y sin sobresaltos, de ahí que lo costumbrista sea un calificativo adecuado para apellidar esta lectura de vocabulario accesible, frases limpias y sin duda alguna “apta para todos los públicos”.
Aunque la portada pueda sugerir un tema evidente, yo confirmo que no es un libro acerca de la guerra, ni bélica ni de política o ideologías. Ambientada con mucho acierto en un largo camino que abarca desde los años de la Guerra Civil hasta el triunfo socialista de 1982. Con una cronología tan jugosa se puede hablar de un gran lienzo de la Historia de España en el que aparecen “pintados” los momentos más relevantes de décadas de nuestro país; Guerra, Posguerra, Desarrollismo, Dictadura en horas decadentes, Transición y Democracia, escenario completo para albergar el devenir de una saga familiar a través de tres generaciones.
El descubrimiento de una fotografía por Juan Cameroni destapa “el baúl de los recuerdos”, el interés por desentrañar el contenido de la misma abre la trama de esta novela que gira alrededor de la figura del abuelo Rafaelle Cameroni, voluntario brigadista italiano que llega a España con la intención de luchar en el bando fascista y que por circunstancias no previstas nunca regresará a su Italia natal.

En esta estampa familiar tienen cobijo a partes iguales la crudeza y la delicadeza, lo dramático y lo humorístico, la ternura y la diversión. Lo común y cotidiano adquiere en las letras de “Pisón” rango de importancia suprema, por lo que significa y por como lo narra; no escatima en evidenciar la complejidad de las relaciones humanas echando mano de temas que aparecen inteligentemente desplegados en el libro como son, el amor el odio, la mentira, el miedo, los secretos, la venganza... en definitiva las luces y sombras de las vidas de cualquiera de nosotros.
Trescientas ochenta y cuatro páginas no exenta de equilibrio literario entre tanta dicotomía y emociones que saltan en el tiempo sin abandonar un modelo lineal y progresivo de narrativa, que jamás hace peligrar lo impecable de su construcción literaria.
Se disfruta desde sus inicios, sin tener un ritmo trepidante siempre están pasando cosas, pequeñas cosas que no parecen tan insignificantes y que maquillan esa ausencia de acción. Los personajes que protagonizan esas diminutas situaciones son “de carne y hueso”, que gracias al rescate de sus recuerdos y al buceo en su memoria, recuperan del olvido su pasado lo aceptan y superan, en un juego sabio en el que claudican al paso del tiempo.
Aparece una “paleta” de seres sobre los que destacan Rafaelle y sus dos mujeres, Isabel y Elisa, no son los únicos y por encima de todo, sus vivencias y la resolución de situaciones a las que tuvieron que hacer frente y que sin duda alguna dotan a esta novela de un interés mantenido desde el principio hasta su final.
Os aseguro que se disfruta porque está excelentemente bien contada, porque guarda un secreto que promete ser revelado y porque todo lo que son “historias de familias” siempre acaban enganchando.
Me ha gustado mucho, es conmovedora, tierna, intimista y nostálgica; es única como todos y cada una de esos dientes de leche que tanto anhelábamos perder para obtener pequeñas satisfacciones pasajeras y que hoy tanto echamos en falta.

“Finalmente me metí el dedo índice en la boca y empecé a chuparlo. Algo comenzó a moverse en mi cerebro, un pensamiento que se iba abriendo camino allí dentro, un invento completamente loco: ¿Y si lo mordiera? Y sin pensarlo ni un instante cerré los ojos y apreté los dientes”.