lunes, 1 de mayo de 2017

Los peces no cierran los ojos, Erri de Luca


Ver una portada así me traslada a la infancia y me hace recordar lo bien que lo pasábamos en un mundo sin móviles ni ordenadores ni dispositivo alguno electrónico que nos atontaran horas y horas. Era tan atrevida y tan inconsciente, que la postura de esa niña de la foto la he llegado hacer entonces, con la misma facilidad con la que camino hoy. Me apasiona mirar fotos y volver a disfrutar de aquellas cosas sencillas que no requerían más que valor y que tan felices nos hicieron. A demás de esa estampa tan evocadora, el título me pareció muy curioso, las cien páginas muy acordes con lo que buscaba, y la sinopsis bastante aceptable; de manera que en un par de tardes escasas lo leí y sin ser inolvidable reconozco que fue agradable.
“Nacer y crecer en Nápoles agota el destino: vaya uno donde vaya, ya lo ha recibido como dote, mitad lastre, mitad salvoconducto.» Un hombre recuerda el verano de sus diez años en un pueblo costero cerca de Nápoles, los años en que se anhela un futuro desde el que sólo se puede mirar atrás. Entre la pesca y los libros, los paseos en solitario y los encuentros con los muchachos del barrio, transcurren sus días, hasta que conoce a una niña sin nombre que le descubre el peso de palabras como amor o justicia. A los diez años, la edad se escribe por primera vez con dos cifras. La inquietud y el deseo de crecer son más fuertes que la apariencia física; torpe cascarón el cuerpo infantil. Y permanece intacta la necesidad de protección que cura el calor de las historias familiares, la presencia de una madre y el contacto de la mano amiga”.
Lo primero que leo de Erri de Luca, al parecer es su última novela, escrita en el 2012 dentro del género de ficción literaria, aunque una vez leída su trayectoria literaria, al parecer esta novela tiene mucho de autobiográfica. El narrador tiene en la actualidad 60 años, Erri nuestro escritor, y en un viaje a su infancia recuerda en primera persona el verano de sus diez años en una isla napolitana donde conoce a una chica tan “diferente” como él mismo. Sin duda la isla en la que suceden los momentos vividos por este niño, es a su vez una isla emocional. Este relato breve está plagado de metáforas y evocaciones de situaciones buenas y malas, pero especialmente es un reflejo de lo mucho que aprendió en aquel corto periodo de tiempo.
Estilo narrativo muy sencillo, ha sido capaz de contar muchas cosas en pocas páginas y es de agradecer, pero no solo narra, describe con nostalgia aquella experiencia con una niña de la que no dice su nombre, y lo que para él fue descubrir el amor y la justicia, dos valores que tendrían mucho impacto en su vida adulta.
Poco más puedo reseñar de una novela tan breve, el ambiente de lugares como Nápoles resultan muy atractivos, el ejercicio de evocar nuestra infancia es algo tan íntimo que sin duda el autor ha logrado a la perfección, no deja pasar sus enfrentamientos con los niños que le acosaban por sus manías y su independencia, y lo hace con sencillez y sin dramatismo aunque es cierto que dejó huella en su personalidad; dedica momentos de gran ternura a la complicidad con la niña amante de las novelas policiacas y con la que el tiempo a compartir con ella paraba todos los relojes.
Recomendada por su brevedad y por estar muy bien escrita, pero en algunos momentos llegó a ser algo lenta, quizás porque salvando diferencias los veranos de la infancia son todos muy parecidos, los descubrimientos y cambios hacia la adolescencia a todos nos suenan, de ahí los pequeños instantes de aburrimiento de la lectura. Pero en general se disfruta en una tarde de sol junto a un buen café. Os gustará.
“Cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre.

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