jueves, 22 de enero de 2015

Juntos nada más, Ana Gavalda

Antes de desvelar el contenido del libro, quiero decir que con una frase como esta es difícil no detenerse y reflexionar sobre lo maravilloso que sería “estar juntos nada más”...y valorar que cualquier otro compromiso estaría “de más”.
La escritora francesa se ha lucido en esta entrañable y sencilla novela de corte intimista, basada en la vida de cuatro personajes que le ayudan a construir un argumento inolvidable por sus dosis de emotividad y ternura.
Cualquiera que sepa ya de mis gustos literarios podría estar pensando que me he estrenado en la novela romántica, a lo que yo contesto que no tengo la menor idea de si es así, lo cierto es que es una historia con romance, pero es un relato de amistad entre esos protagonistas, con un comienzo que engancha, un desarrollo que te atrapa y un final que no se olvida.
Ana Gavalda se ha convertido con su novela en una artesana de perfiles físicos y psíquicos, construyendo unos personajes que asumen y empañan el argumento en sí de la obra. Su habilidad narrativa la descarga en el modelaje de Camille, Franck, Philibert y Paulette; siendo el resultado un relato para el recuerdo.
Creo que lo mucho que me ha gustado tiene que ver con el momento en el que la he leído, a lo que hay que unir la facilidad para empatizar con estos seres maltratados, a los que se les reconoce como piezas defectuosas que no encajan en el “perfecto puzzle de la vida”. Identificarse con ellos ha resultado sencillo, tanto como la lectura que ha ido creciendo en intensidad a medida que avanzaba, hasta concluir en un final muy bien acogido, yo diría que previsible pero no por ello aburrido ni criticable.
Quiero compartir unos pequeños rasgos de estos cuatro pilares de la novela, como si de cuatro perdedores del corazón se tratarán y que en un desesperado intento por parchear sus heridas y soledades, remiendan sus jirones con una convivencia que acaba siendo su tabla de salvación.
Camille tiene 26 años, dibuja extraordinariamente bien, pero su pasado y escasa fuerzas le impiden hacerlo; Philibert, su vecino vive en un apartamento enorme sobre el que se cierne la sombra de una herencia que podría privarlo del mismo; por su parte, Franck, es cocinero, mujeriego, joven de costumbres poco sanas y que es inquilino del anterior y a su vez el nieto de Paulette, anciana de 83 años que irremediablemente y muy a su pesar aguarda el final de sus días en un asilo...”
Todo muy familiar y reconocible, dramas cotidianos, microcosmos personales de aplastante sencillez que se repiten a cada paso que damos,y temas impecablemente tratados; la anorexia nerviosa, la vejez, la resistencia al paso del tiempo, los efectos de infancias crueles, el abandono, la homosexualidad, el clasismo, la generosidad, el temor al futuro...
Podría parecer más seria de lo que en realidad es la novela que destaca por sus valores de humanidad; está escrita con una estructura sencilla con diálogos continuos y dividida en capítulos breves que ayudan a la fluidez de la lectura, abundan las expresiones coloquiales y las descripciones permiten imaginar los escenarios y acciones con bastante exactitud. No quiero olvidar que Ana Gavalda describe la ciudad de París con una calidez conmovedora.
Hay que leerla sin asustarse por las más de quinientas páginas, hay que disfrutarla y reconocer que a veces en las extravagancias está el éxito de la vida y que no solo en la perfección está la alegría, el caos proporciona en ocasiones una ruina bien avenida y en la que hasta las almas más heridas pueden despegar los pies de su pesado suelo.

La vida es en muchas ocasiones más divertida y llevadera, cuando en ella existe un poco de inquietud y desorden”.

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